En Argentina, la semaglutida —un fármaco diseñado para tratar la diabetes tipo 2 y la obesidad con complicaciones— ha cruzado la frontera entre el consultorio y la automedicación silenciosa. La endocrinóloga Mónica Roldán Suárez advierte que detrás de este fenómeno no solo hay desinformación, sino el peso histórico del estigma: una sociedad que trata la obesidad como un fracaso moral empuja a las personas a buscar soluciones en secreto, lejos de la mirada médica que podría protegerlas. El medicamento puede ser una herramienta valiosa, pero sin supervisión profesional se convierte en un riesgo