El primer intento sistemático de integración política continental
Doscientos años después de que Simón Bolívar convocara en Panamá el primer intento sistemático de unidad política continental, los líderes de América Latina regresan a esa misma ciudad para preguntarse si aquella aspiración sigue siendo posible. Guatemala, Honduras y El Salvador envían a sus más altos representantes a una semana diplomática que combina la 56 Asamblea General de la OEA con reuniones ministeriales, foros académicos y más de dos mil quinientos participantes de setenta y nueve países. El bicentenario del Congreso Anfictiónico no es un ejercicio de nostalgia: es un espejo en el que la región intenta reconocer lo que todavía quiere ser.
- La llegada simultánea de presidentes y vicepresidentes centroamericanos a Panamá convierte la conmemoración en una señal política de peso, no en un simple acto ceremonial.
- Con más de 2.500 participantes de 79 países y 21 organismos internacionales, la capital panameña soporta una presión logística y diplomática de escala histórica.
- La coincidencia de la 56 Asamblea General de la OEA, reuniones ministeriales y el Foro de Líderes Globales en una misma semana amplifica la apuesta por el multilateralismo en un momento en que ese modelo enfrenta cuestionamientos globales.
- El presidente Mulino actúa como anfitrión de una agenda que desborda lo protocolar: sociedad civil, sector privado y medios de comunicación tienen asiento junto a los gobiernos.
- El legado de Bolívar —cooperación, defensa colectiva, resolución pacífica de controversias— resuena como agenda vigente en una región que aún busca hablar con una sola voz.
Panamá recibe esta semana a los principales líderes de América Latina en una conmemoración que mira dos siglos atrás pero habla del presente. El presidente guatemalteco Bernardo Arévalo, el hondureño Nasry Asfura y el vicepresidente salvadoreño Félix Ulloa llegaron el domingo a la capital panameña como parte de una convergencia diplomática sin precedentes: el Bicentenario del Congreso Anfictiónico, el proyecto de integración regional que Simón Bolívar convocó exactamente doscientos años atrás.
Los números de la semana son elocuentes: más de 2.500 participantes, representantes de 79 Estados, delegaciones de 21 organismos internacionales, 34 ministros y viceministros, y 55 enviados especiales. El canciller panameño Javier Martínez-Acha destaca que el encuentro convoca también a sociedad civil, sector privado y medios de comunicación. No es solo una reunión de gobiernos: es un esfuerzo por reunir múltiples voces alrededor de una idea. El presidente José Raúl Mulino recibirá a cada mandatario visitante en reuniones bilaterales, mientras la 56 Asamblea General de la OEA, presidida por Albert Ramdin, congregará a cerca de seiscientos asistentes.
Para entender la magnitud de lo que se conmemora hay que retroceder a 1824, cuando Bolívar logró que la Gran Colombia, Perú, Chile, México y la Federación Centroamericana firmaran tratados de unión y confederación perpetua. En 1826, el Congreso se inauguró en Panamá con representantes de Colombia, México, Perú y Centroamérica. Sus limitaciones fueron reales —ausencias, fracturas políticas—, pero su significado fue revolucionario: fue el primer intento sistemático de crear mecanismos permanentes de cooperación, defensa colectiva y resolución pacífica de controversias entre naciones recién nacidas.
Dos siglos después, ese legado persiste como antecedente de la CELAC, la Alianza del Pacífico y la Comunidad Andina, y como símbolo de una aspiración que América Latina nunca ha abandonado del todo: actuar como región, hablar con una voz unificada, resolver sus propias controversias sin intervención externa. La semana que comienza en Panamá es un recordatorio de que esa aspiración sigue viva.
Panamá se prepara esta semana para recibir a los líderes más importantes de América Latina en una conmemoración que mira hacia atrás dos siglos, pero que habla profundamente del presente. El presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, y su homólogo de Honduras, Nasry Asfura, llegaron el domingo a la capital panameña. Con ellos vino Félix Ulloa, vicepresidente de El Salvador. No son visitas aisladas: forman parte de una convergencia diplomática sin precedentes en torno al Bicentenario del Congreso Anfictiónico, el ambicioso proyecto de integración regional que Simón Bolívar convocó hace exactamente doscientos años.
Lo que está sucediendo en Panamá esta semana es, en números, impresionante. Más de dos mil quinientos participantes han llegado a la ciudad. Entre ellos hay representantes de setenta y nueve Estados, delegaciones de veintiuno organismos internacionales, treinta y cuatro ministros y viceministros, seis secretarios generales de organismos regionales, y cincuenta y cinco enviados especiales y altos funcionarios. El canciller Javier Martínez-Acha subraya que la semana de alto nivel reúne también a miembros de la sociedad civil, representantes del sector privado y corresponsales de medios de comunicación. Es decir: no es solo un encuentro de gobiernos, sino un esfuerzo por convocar a múltiples voces alrededor de una idea.
El anfitrión es José Raúl Mulino, presidente de Panamá. Bajo su techo se desarrollarán reuniones bilaterales con cada uno de los mandatarios visitantes, pero también una programación que trasciende lo meramente protocolario. La 56 Asamblea General de la Organización de Estados Americanos, presidida por su secretario general Albert Ramdin, reunirá a cerca de seiscientos asistentes. Paralelamente sesionarán la reunión ministerial de la Comunidad de las Democracias, el Foro de Líderes Globales, y una amplia programación académica, cultural e histórica que busca contextualizar por qué este momento importa.
Para entender la magnitud de lo que se conmemora, hay que retroceder a 1824. Bolívar, después de años de negociaciones diplomáticas, logró que la Gran Colombia, Perú, Chile, México y la Federación Centroamericana firmaran tratados de unión, liga y confederación perpetua. El siete de diciembre de ese año emitió la convocatoria formal. Dos años después, en 1826, el Congreso se inauguró en Panamá. Reunió a representantes de Colombia, México, Perú y Centroamérica, aunque las ausencias de varios países y las fracturas políticas internas limitaron lo que pudo lograrse en la práctica.
Lo que los especialistas subrayan es que, más allá de sus limitaciones inmediatas, el Congreso Anfictiónico representó el primer intento sistemático de integración política continental en la historia de América Latina. No fue un encuentro ocasional. Fue un esfuerzo por crear mecanismos permanentes de cooperación, defensa colectiva y resolución pacífica de controversias entre naciones que acababan de nacer. Eso era revolucionario. Eso sigue siendo revolucionario.
Dos siglos después, el legado no ha desaparecido. Permanece como antecedente histórico de los procesos de integración regional que hoy existen: la CELAC, la ALBA, la Alianza del Pacífico, la Comunidad Andina. Permanece también como símbolo de una aspiración que América Latina nunca ha abandonado completamente: la posibilidad de actuar como región, de hablar con una voz unificada, de resolver sus propias controversias sin intervención externa. La semana que comienza en Panamá no es nostalgia. Es un recordatorio de que esa aspiración sigue viva, y que los líderes de la región siguen creyendo que vale la pena intentarlo de nuevo.
Citas Notables
La conmemoración de los 200 años del Congreso Anfictiónico recuerda uno de los proyectos políticos más ambiciosos de la historia latinoamericana— Análisis de especialistas
Su legado permanece vigente como antecedente histórico de los actuales procesos de integración regional y símbolo de la aspiración latinoamericana de unidad— Especialistas en historia regional
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué ahora? ¿Por qué Panamá decide conmemorar esto en 2026 y no en cualquier otro momento?
Porque es el bicentenario exacto. Doscientos años desde que Bolívar convocó el Congreso. Hay algo en las fechas redondas que obliga a los gobiernos a detenerse y preguntar: ¿qué hemos aprendido? ¿Qué hemos logrado desde entonces?
Pero el Congreso Anfictiónico fracasó, ¿verdad? Las naciones no se unieron. Las divisiones políticas lo desmoronaron.
Fracasó en sus objetivos inmediatos, sí. Pero eso no significa que no haya dejado nada. Fue el primer intento serio de crear instituciones permanentes de cooperación entre naciones soberanas. Eso es un legado, aunque sea imperfecto.
¿Y qué esperan lograr ahora con dos mil quinientos delegados en una ciudad?
No es que esperen lograr una unión política nueva. Es más modesto y más realista. Quieren recordar que la integración regional es posible, que hay mecanismos para hacerlo, y que los problemas que enfrentan hoy —migraciones, cambio climático, seguridad— requieren respuestas coordinadas.
¿Hay algo que une realmente a estos países, o es solo teatro diplomático?
Hay intereses compartidos. Hay historia compartida. Y hay, en algunos líderes, una convicción genuina de que América Latina tiene más poder cuando actúa junta que cuando actúa sola. Eso no es teatro. Es frágil, pero es real.