En el teatro siempre cambiante de la fama y el poder, pocas preguntas resultan tan reveladoras como aquellas que un poderoso preferiría no responder. Cuando la editora de The Economist interrogó a Elon Musk sobre su impopularidad y su influencia en la democracia occidental, la respuesta del hombre más rico del mundo —defensiva, circular y dirigida contra la propia periodista— dijo más sobre su estado interior que cualquier argumento que pudiera haber ofrecido. El clip se volvió viral no por lo que Musk refutó, sino por lo que, sin querer, confirmó.