El Homo naledi solo tiene esqueletos femeninos: un yacimiento funerario de hace 300.000 años

Todos los especímenes analizados eran biológicamente femeninos
El análisis de esmalte dental en fósiles de Homo naledi revela un hallazgo sin precedentes sobre rituales funerarios antiguos.

En las profundidades de una cueva sudafricana, los huesos de una especie que ya desafiaba toda categoría han revelado un secreto más: todos los individuos conocidos de Homo naledi son biológicamente femeninos. Este hallazgo, obtenido mediante el análisis de proteínas en el esmalte dental de veinte especímenes, no solo resuelve una antigua paradoja morfológica, sino que abre la posibilidad de que una especie no humana practicara rituales funerarios segregados por sexo hace más de doscientos mil años. La ciencia, una vez más, encuentra que la humanidad —o lo que la precede— es más compleja de lo que nos atrevíamos a imaginar.

  • Veinte especímenes de Homo naledi analizados en dos laboratorios independientes no mostraron ningún rastro de la proteína masculina Amelogenina-Y, un resultado tan improbable que los investigadores lo verificaron dos veces.
  • La ausencia de machos —incluso de bebés masculinos— en el yacimiento Rising Star sugiere que la segregación por sexo no fue accidental, sino una práctica mortuoria deliberada en una especie con un cerebro un tercio del tamaño del nuestro.
  • El hallazgo resuelve décadas de perplejidad: la homogeneidad esquelética que tanto intrigó a los paleontólogos no era un rasgo biológico de la especie, sino simplemente el reflejo de que todos los fósiles conocidos pertenecen a un único sexo.
  • Una hipótesis alternativa mantiene la incertidumbre: si el Homo naledi perdió evolutivamente el gen que codifica esa proteína, los machos serían molecularmente invisibles y toda la interpretación quedaría en entredicho.
  • El estudio, el más amplio jamás realizado sobre una población de homínidos extintos, también identificó un aminoácido único en esta especie y reveló vínculos proteicos con el Paranthropus robustus, reordenando ramas del árbol evolutivo.

Hace más de una década, en el sistema de cuevas Rising Star en Sudáfrica, los paleontólogos desenterraron los restos de una especie que no encajaba en ningún molde conocido. El Homo naledi combinaba rasgos primitivos —cráneo pequeño, hombros de Australopithecus— con características propias del género Homo en manos, pies y rostro. Lo que más desconcertaba era la llamativa uniformidad entre sus esqueletos: todos parecían cortados por el mismo patrón. Durante años, los científicos asumieron que esa homogeneidad era una peculiaridad biológica de la especie. Nadie había pensado en verificar el sexo de los individuos a nivel molecular.

Un equipo internacional decidió hacerlo. Analizaron el esmalte de veintitrés dientes de al menos veinte ejemplares distintos, buscando la Amelogenina-Y, una proteína codificada exclusivamente en el cromosoma masculino. No la encontraron en ninguno. El resultado fue tan sorprendente que repitieron el análisis en dos laboratorios independientes y confirmaron que las proteínas no eran contaminación ambiental. La conclusión fue unánime: todos los individuos conocidos de Homo naledi son biológicamente femeninos. Los fósiles, datados entre 241.000 y 335.000 años de antigüedad, conservaban en su esmalte —el tejido más duro del cuerpo— la información suficiente para revelar ese secreto.

Las implicaciones van mucho más allá de resolver un enigma morfológico. Si Rising Star es un enterramiento exclusivamente femenino, el Homo naledi habría practicado rituales funerarios complejos y segregados por sexo hace cientos de miles de años, antes de lo que cualquier modelo evolutivo contemplaba para una especie no sapiens. Un detalle refuerza esa lectura: ni siquiera hay bebés masculinos en la cueva, lo que sugiere que la ausencia no fue casual sino deliberada.

Sin embargo, los propios investigadores advierten que existe una alternativa que no puede descartarse: si el Homo naledi perdió en algún momento el gen que produce esa proteína, los machos serían molecularmente indistinguibles de las hembras, y todo el análisis estaría construido sobre una premisa falsa. Como resumió una experta ajena al estudio, es un resultado extraño en una especie que ya era de por sí extraordinariamente extraña. El Homo naledi, controvertido desde su descubrimiento en 2015, sigue acumulando capas de misterio con cada nuevo análisis.

Hace más de diez años, en una cueva de Sudáfrica, los paleontólogos encontraron los restos de una especie que desafiaría todo lo que creían saber sobre nuestros antepasados lejanos. El Homo naledi era un homínido desconcertante: su cabeza y hombros recordaban a los Australopithecus, pero sus manos, pies y cara parecían pertenecer al género Homo. Su cerebro medía apenas un tercio del nuestro. Lo que más intrigaba a los investigadores era que todos los esqueletos hallados en el sistema de cuevas Rising Star fueran notablemente similares entre sí, como si la naturaleza hubiera hecho copias de un mismo molde.

Cuando los científicos examinaron por primera vez estos restos, asumieron lo que parecía obvio: que la población incluía tanto machos como hembras, y que los esqueletos más grandes correspondían a los individuos masculinos. Era una conclusión lógica, la que cualquiera habría sacado. Pero nadie se había molestado en verificarla a nivel molecular. Ahora, más de una década después, un equipo internacional decidió hacerlo. Analizaron el esmalte de veintitrés dientes extraídos de al menos veinte ejemplares diferentes. Lo que buscaban era una proteína específica llamada Amelogenina-Y, que existe únicamente en los machos porque está codificada en el cromosoma Y. No la encontraron en ninguno de los especímenes.

El resultado fue tan inesperado que los investigadores repitieron el análisis en dos laboratorios independientes para descartar errores. El equipo de la Universidad de York incluso analizó los aminoácidos para confirmar que las proteínas no eran producto de contaminación ambiental. La conclusión fue inevitable: todos los individuos analizados eran biológicamente femeninos. Los fósiles, que datan de entre 241.000 y 335.000 años de antigüedad, estaban lo suficientemente bien preservados para que el esmalte dental, el tejido más duro del cuerpo, revelara sus secretos moleculares.

Este hallazgo resuelve uno de los misterios más desconcertantes del Homo naledi. Durante años, los paleontólogos se preguntaban por qué esta especie mostraba una variación de tamaño tan pequeña entre sus individuos adultos, la menor jamás documentada en un homínido antiguo. Ahora la respuesta era clara: no se trataba de una característica biológica de la especie, sino simplemente del hecho de que todos los esqueletos conocidos pertenecían a un único sexo. La homogeneidad que tanto había intrigado a los científicos era un artefacto del registro fósil.

Pero el descubrimiento tiene implicaciones que van mucho más allá de resolver un enigma morfológico. Si Rising Star es efectivamente un yacimiento de enterramiento exclusivamente femenino, entonces el Homo naledi practicaba rituales funerarios complejos hace cientos de miles de años, mucho antes de lo que los científicos creían posible en una especie que no era Homo sapiens. Lee Berger, uno de los autores del estudio, señaló un detalle revelador: si los adultos vivían segregados por sexo, deberíamos esperar encontrar al menos bebés masculinos en la cueva. Pero no los hay. Esa ausencia sugiere que la segregación no era accidental, sino una práctica deliberada vinculada a los rituales mortuorios.

No obstante, los propios investigadores reconocen que existe una posibilidad alternativa que no puede descartarse completamente. Es posible que en algún momento de su evolución, el Homo naledi sufriera una mutación o la desaparición del gen que codifica la proteína Amelogenina-Y. Si eso ocurrió, los machos biológicos serían indistinguibles de las hembras usando esta técnica, y todo el análisis estaría basado en una falsa premisa. Elizabeth Sawchuk, conservadora de evolución humana en el Cleveland Museum of Natural History y ajena al estudio, resumió la situación con precisión: es un resultado extraño en una especie que ya era de por sí extraña. La interpretación más espectacular, que el Homo naledi enterraba a sus muertos separados por sexo, es también la más difícil de probar definitivamente.

Lo que sí está claro es que el análisis de esmalte dental representa el estudio de mayor escala realizado jamás sobre una población de homínidos extintos. El Homo naledi ha sido controvertido desde su descubrimiento en 2015, pero cada nuevo análisis añade capas de complejidad a nuestra comprensión de esta especie enigmática. El equipo también identificó un aminoácido único en el Homo naledi nunca visto en otros homínidos, y encontró que comparte una característica proteica con el Paranthropus robustus, lo que ayuda a situar a ambas especies en el árbol de la evolución. A medida que los científicos continúan examinando estos restos antiguos con tecnología cada vez más sofisticada, la historia del Homo naledi se vuelve más intrigante, no menos.

Es un resultado extraño en una especie que ya era de por sí extraña
— Elizabeth Sawchuk, conservadora de evolución humana en el Cleveland Museum of Natural History
Si los adultos vivían separados por sexos, esperaríamos encontrar al menos bebés masculinos en la cueva, pero no fue el caso
— Lee Berger, autor del estudio
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué es tan importante que todos los esqueletos sean femeninos? ¿No es solo un dato curioso sobre esta especie?

Model

Porque sugiere que el Homo naledi no dejaba sus muertos al azar. Si segregaban por sexo en la muerte, eso implica pensamiento simbólico, ritual, intención. Eso es lo que nos hace humanos.

Inventor

Pero ¿cómo pueden estar seguros de que no es solo una coincidencia? Veinte esqueletos es una muestra pequeña.

Model

Lo es, pero la probabilidad estadística de encontrar solo mujeres por casualidad es astronómica. Y además, si vivían segregados por sexo, esperaríamos ver bebés varones. No hay ninguno. Eso apunta a algo deliberado.

Inventor

Mencionan una mutación genética que podría cambiar todo. ¿Qué tan probable es eso?

Model

Es posible, pero especulativo. El Homo naledi ya era una especie extraña, con características que no encajaban en ningún lado. Una mutación así sería otra rareza más en una lista que ya es larga.

Inventor

¿Qué nos dice esto sobre cómo pensaban estos homínidos?

Model

Que tenían conceptos de muerte, de identidad, de pertenencia. Que podían imaginar un mundo más allá de lo inmediato. Eso es profundamente humano, aunque no fueran humanos.

Inventor

¿Por qué tardó tanto en analizarse esto molecularmente?

Model

Porque durante años nadie cuestionó la suposición inicial. Los esqueletos eran similares, así que asumieron que eran machos y hembras. La ciencia a veces avanza cuando alguien decide verificar lo que todos daban por sentado.

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