La vacunación se consolida como arma principal contra la mpox en circulación global

La vacunación interrumpe cadenas de transmisión y previene hospitalizaciones
La mpox sigue circulando en Europa con nuevas variantes, pero la inmunización se consolida como la principal herramienta de control.

La mpox, que hace apenas cuatro años era una enfermedad relegada a los márgenes de la medicina tropical, circula hoy por Europa y el mundo con nuevas variantes que desafían la complacencia de los sistemas de salud. Más de veintidós mil casos registrados en Europa desde 2022 y la aparición del clado Ib en 2025 recuerdan que los virus no respetan fronteras ni calendarios. La vacuna Imvanex/Jynneos se ha convertido en el instrumento central de una respuesta que busca no solo proteger al individuo, sino interrumpir las cadenas invisibles que sostienen la propagación colectiva del virus.

  • Una nueva variante del virus, el clado Ib, comenzó a circular en Europa en 2025 con transmisión sostenida y sin señales de desaceleración, sumando cientos de casos en decenas de países en apenas doce meses.
  • La vacuna disponible en la Unión Europea puede administrarse con solo el 20% de la dosis habitual por vía intradérmica, lo que permite a los países estirar suministros limitados sin comprometer la protección.
  • En España, solo la mitad de quienes recibieron la primera dosis completaron la pauta de dos inyecciones, dejando a miles de personas con una protección incompleta frente a un virus en expansión.
  • La vacunación postexposición, si se aplica en los primeros cuatro días tras el contacto, puede prevenir la enfermedad por completo; más allá de ese umbral, reduce la gravedad pero no garantiza evitar la infección.
  • Los grupos más vulnerables —personas con VIH, mujeres embarazadas y niños— son priorizados en las estrategias de postexposición, reconociendo que proteger a los más frágiles es también la forma más eficaz de frenar la transmisión comunitaria.

La mpox ha dejado de ser una curiosidad epidemiológica para convertirse en una amenaza activa en Europa y más allá. Desde 2022, el continente ha acumulado más de veintidós mil casos, y en 2025 la aparición del clado Ib añadió una nueva capa de urgencia: dieciséis países reportaron centenares de casos de una cepa y dieciocho de otra, con una transmisión que no muestra signos de ceder. España figura entre los países afectados.

Frente a este panorama, la vacunación se ha consolidado como la herramienta más poderosa disponible. La vacuna Imvanex/Jynneos, de tercera generación, utiliza un virus modificado incapaz de replicarse en células humanas, lo que la hace segura incluso para personas inmunocomprometidas. Su mayor ventaja logística es la flexibilidad: administrada por vía intradérmica, requiere apenas el veinte por ciento de la dosis convencional, permitiendo que los países con suministros limitados protejan a más personas sin sacrificar eficacia.

La estrategia se articula en dos vías. La profilaxis preexposición apunta a quienes tienen mayor riesgo de contacto: hombres que tienen sexo con hombres con múltiples parejas, personas trans y bisexuales, trabajadores de laboratorio y personal sanitario expuesto. Una sola dosis ofrece protección parcial, pero la segunda la refuerza de manera significativa. El problema es que en España solo el cincuenta por ciento de quienes iniciaron la pauta la completaron, una brecha que las autoridades sanitarias aún no han logrado cerrar.

La profilaxis postexposición, por su parte, actúa como red de seguridad tras un contacto confirmado. Aplicada en los primeros cuatro días, puede prevenir la enfermedad por completo; entre el cuarto y el decimocuarto día, reduce la gravedad aunque no garantice evitar la infección. Se prioriza para contactos cercanos de casos confirmados y para grupos vulnerables como personas con VIH, mujeres embarazadas y niños.

En cuanto a la duración de la protección, los estudios apuntan a que dos dosis pueden conferir inmunidad durante varios años, posiblemente cerca de una década. Los refuerzos periódicos se recomiendan por ahora solo para trabajadores de laboratorio. Lo que permanece claro, mientras los países europeos debaten estrategias más amplias, es que completar la vacunación sigue siendo la defensa más sólida contra un virus que no tiene intención de desaparecer.

La mpox ha dejado de ser una rareza médica confinada a regiones remotas. Hace apenas cuatro años era una enfermedad que los epidemiólogos estudiaban en tratados especializados; hoy circula por Europa, África y más allá, mutando en nuevas variantes que mantienen a los sistemas de salud pública en estado de alerta permanente. Desde 2022, Europa ha registrado más de veintidós mil casos, y España está entre los países afectados. El panorama se complicó en 2025 cuando una nueva variante, el clado Ib, comenzó a propagarse en territorio europeo con una transmisión que no muestra signos de desaceleración. En los últimos doce meses, dieciséis países reportaron cuatrocientos cincuenta y ocho casos de una cepa y dieciocho países informaron de novecientos veintiuno de otra. El virus sigue buscando nuevos huéspedes.

Ante esta realidad, la vacunación se ha consolidado como la herramienta más efectiva disponible. No es solo una medida defensiva para el individuo que se vacuna; es un instrumento de salud pública que interrumpe cadenas de transmisión, reduce la severidad de los casos en quienes se infectan y previene las hospitalizaciones que sobrecargan los servicios de emergencia. Los países europeos aprendieron esta lección durante el brote inicial de 2022 y han construido estrategias de inmunización que han probado su valor.

La vacuna que se utiliza en la Unión Europea, comercializada bajo los nombres Imvanex o Jynneos, es un producto de tercera generación que contiene un virus modificado genéticamente, el Modified Vaccinia Ankara o MVA BN, incapaz de replicarse dentro de las células humanas pero perfectamente capaz de entrenar al sistema inmunitario para reconocer y combatir la mpox. Esto la hace segura incluso para personas cuyo sistema inmunológico está comprometido. Lo que la hace particularmente valiosa en contextos de escasez es su flexibilidad: puede inyectarse bajo la piel de la forma tradicional o administrarse en la capa más superficial de la piel, la vía intradérmica, utilizando apenas el veinte por ciento de la dosis habitual. Esta adaptabilidad ha permitido a los países estirar sus suministros limitados sin sacrificar la protección.

La estrategia de vacunación se divide en dos caminos complementarios. El primero es la profilaxis preexposición, dirigida a personas cuyo riesgo de contacto con el virus es elevado: hombres que tienen sexo con hombres, personas bisexuales y trans con prácticas que implican múltiples parejas o encuentros sexuales en grupo. También se recomienda para trabajadores de laboratorio que manipulan el virus, profesionales sanitarios que atienden a pacientes con infecciones de transmisión sexual o VIH, y personal de limpieza en espacios donde ocurren contactos de alto riesgo. Una sola dosis ofrece protección moderada, pero la segunda dosis refuerza significativamente esa defensa. Sin embargo, aquí surge un problema práctico: en España, apenas el cincuenta por ciento de las personas que recibieron la primera dosis completaron la pauta de dos inyecciones. Completar el esquema es una prioridad de salud pública que aún no se ha alcanzado plenamente.

El segundo camino es la profilaxis postexposición, la vacunación administrada después de que alguien ha estado en contacto directo con una persona infectada. Si se aplica dentro de los primeros cuatro días, puede prevenir la enfermedad completamente. Si se administra entre el cuarto y el decimocuarto día, es posible que no evite la infección, pero reduce dramáticamente la gravedad de los síntomas y el riesgo de complicaciones. Esta estrategia es especialmente valiosa para proteger a los contactos cercanos de casos confirmados, incluyendo parejas sexuales, personas que viven en el mismo hogar y trabajadores sanitarios que estuvieron expuestos sin protección adecuada. Se prioriza también en grupos vulnerables: personas con sistemas inmunológicos debilitados, incluyendo aquellas con VIH y conteos bajos de células CD4, mujeres embarazadas y niños de cualquier edad. En estos casos, la vacuna protege al individuo y simultáneamente corta las líneas de transmisión que el virus usa para propagarse.

Una pregunta que surge naturalmente es cuánto tiempo dura la protección que la vacuna confiere. Los estudios disponibles sugieren que la inmunidad disminuye gradualmente con el paso del tiempo, especialmente después de una sola dosis o cuando se usa la vía intradérmica. Completar la serie primaria de dos dosis parece ofrecer protección durante varios años, posiblemente alrededor de una década. Por ahora, las recomendaciones de refuerzo son limitadas. Solo ciertos grupos, como los trabajadores de laboratorio que manipulan el virus regularmente, reciben la recomendación de una segunda dosis cada dos años. Algunos países europeos están evaluando estrategias de refuerzo más amplias, pero aún no hay un consenso sobre si la población general necesitará inyecciones adicionales en el futuro cercano. Lo que está claro es que la vacunación, cuando se completa correctamente, sigue siendo la mejor defensa que tenemos contra un virus que no muestra signos de desaparecer.

La vacunación constituye la principal medida de prevención frente a la mpox y un elemento clave para limitar su transmisión, reducir la gravedad de los casos y prevenir hospitalizaciones
— Estrategia de salud pública europea
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué la mpox pasó de ser una enfermedad rara a un problema global en tan poco tiempo?

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El virus siempre estuvo ahí, pero en 2022 encontró nuevas rutas de transmisión entre poblaciones urbanas densas. Las variantes evolucionaron, la movilidad internacional aumentó, y de repente un patógeno que estaba confinado a brotes aislados en regiones específicas comenzó a circular de manera sostenida en Europa y más allá.

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¿Qué hace que esta vacuna sea diferente de otras?

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Es no replicativa, lo que significa que no contiene un virus vivo que pueda multiplicarse. Usa un virus modificado genéticamente que entrena al sistema inmunitario sin el riesgo de causar la enfermedad. Y lo crucial: funciona incluso en personas inmunodeprimidas, algo que no todas las vacunas pueden hacer.

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Mencionaste que solo el cincuenta por ciento de los vacunados en España completó las dos dosis. ¿Por qué es eso un problema?

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Una sola dosis ofrece protección moderada. La segunda dosis refuerza significativamente esa defensa. Si la mitad de la población vacunada no recibe ese refuerzo, estamos dejando a esas personas con una protección incompleta en un momento en que el virus sigue circulando activamente.

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¿Cuál es la diferencia entre vacunarse antes de estar expuesto y después?

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La preexposición es para personas con alto riesgo de contacto, como trabajadores sanitarios o ciertos grupos de la población. La postexposición es reactiva: si alguien estuvo en contacto con un caso confirmado, la vacuna puede prevenir la enfermedad si se administra rápidamente, o al menos reducir su gravedad. Son dos estrategias que trabajan juntas.

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¿Cuánto tiempo estamos protegidos después de vacunarse?

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Los datos sugieren que dos dosis pueden conferir protección durante varios años, posiblemente una década. Pero esa inmunidad disminuye con el tiempo. Por ahora, solo ciertos grupos de alto riesgo ocupacional necesitan refuerzos regulares, pero eso podría cambiar si el virus sigue circulando.

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¿Qué sucede si alguien se vacuna después de haber estado expuesto pero no sabe si se infectó?

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Si se vacuna dentro de los primeros cuatro días, puede prevenir la enfermedad completamente. Entre el cuarto y decimocuarto día, es menos probable que evite la infección, pero la gravedad de los síntomas se reduce significativamente. El tiempo es crítico.

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