En los márgenes del tiempo, existe un pequeño grupo de personas que llegan a los ochenta años con la memoria intacta de alguien de cincuenta. Durante casi dos décadas, la ciencia asumió que su secreto estaba escrito en el ADN. Un nuevo estudio de la Universidad de Chicago desmiente esa suposición: los llamados SuperAgers no se distinguen genéticamente de sus contemporáneos, lo que desplaza la búsqueda hacia territorios más vastos y menos cartografiados de la experiencia humana.