Cada noche, mientras el mundo duerme, el cerebro emprende una labor silenciosa y vital: activar el sistema glinfático, una red de drenaje que elimina las proteínas beta-amiloide y tau, marcadores centrales del Alzheimer. Investigadores de neurociencia y psiquiatría advierten que la fragmentación crónica del sueño no causa la enfermedad de forma directa, pero prepara un terreno biológico donde el deterioro cognitivo encuentra condiciones favorables para prosperar. En una cultura que ha glorificado el insomnio como señal de productividad, la ciencia devuelve al sueño su lugar como uno de los act