Cada año, millones de personas emprenden trayectos largos sin saber que la inmovilidad prolongada convierte sus venas en un escenario silencioso de riesgo. El llamado síndrome del viajero —médicamente conocido como tromboembolismo venoso asociado al viaje— recuerda que el cuerpo humano no fue diseñado para permanecer quieto durante horas, y que las consecuencias de ignorarlo pueden extenderse semanas después de haber llegado al destino. La hematóloga Mariana Canaro ofrece una perspectiva que equilibra la alarma con la proporción: el riesgo existe, pero su magnitud depende menos del viaje que d
El síndrome del viajero: por qué los trayectos largos aumentan el riesgo de trombosis
El tromboembolismo venoso puede causar embolia pulmonar con síntomas graves como falta de aire, dolor torácico o desmayo, aunque estos casos inmediatos post-viaje son relativamente raros.