El Senado de EEUU rechaza frenar la ofensiva contra Irán sin aprobación del Congreso

Miles de soldados estadounidenses se dirigen a Oriente Próximo, con riesgo de bajas en posibles operaciones terrestres.
Es nuestra única oportunidad para debatir sobre la guerra
El senador Murphy expresó la frustración demócrata ante la falta de poder legislativo para frenar operaciones militares.

En el corazón de la democracia estadounidense, el Senado eligió esta semana no elegir: al rechazar por 53 votos contra 47 la moción demócrata que buscaba frenar las operaciones militares contra Irán, el cuerpo legislativo dejó en manos del ejecutivo una decisión que históricamente ha pertenecido a la nación entera. Trump conserva así la autoridad para desplegar fuerzas en Oriente Próximo sin mandato formal del Congreso, mientras miles de soldados se movilizan y el espectro de una escalada terrestre se cierne sobre una región ya en llamas. La pregunta que subyace no es solo jurídica ni táctica: es sobre quién, en una república, tiene el derecho de llevar a sus hijos a la guerra.

  • Los demócratas fracasaron por tercera vez en bloquear las operaciones militares contra Irán, con apenas un republicano —Rand Paul— dispuesto a cruzar las líneas partidistas.
  • La contradicción entre las palabras de Trump —quien expresó deseos de terminar el conflicto— y el despliegue masivo de tropas adicionales hacia Oriente Próximo genera una tensión que nadie en Washington parece querer nombrar en voz alta.
  • Una posible incursión terrestre contra la isla iraní de Kharg, nodo vital de exportación petrolera, podría transformar radicalmente la naturaleza del conflicto y sus consecuencias económicas globales.
  • Los precios de la energía suben, las advertencias de recesión se multiplican y la impopularidad de la guerra crece, pero el Congreso permanece dividido y sin capacidad real de frenar al ejecutivo.

El Senado estadounidense rechazó el miércoles, con 53 votos contra 47, una nueva moción presentada por el demócrata Chris Murphy para detener las operaciones militares contra Irán. La derrota consolida la autoridad del presidente Trump para actuar en Oriente Próximo sin aprobación formal del Congreso, repitiendo un patrón que ya se había visto días antes con una medida similar que también incluía a Venezuela y Cuba.

La votación expuso fracturas en ambos partidos. Solo Rand Paul acompañó a los demócratas entre los republicanos, mientras que John Fetterman, demócrata de Pensilvania conocido por su apoyo a Israel, rompió con su bancada y votó en contra. Murphy no ocultó su frustración: "Es nuestra única oportunidad para debatir sobre la guerra, lo cual es trágico", declaró tras la votación, advirtiendo además que el conflicto "no se está volviendo más popular con el paso del tiempo".

La paradoja más inquietante reside en la distancia entre el discurso y los hechos. Trump manifestó esta semana su deseo de poner fin a las operaciones, invocando la presión de los precios energéticos y el riesgo de recesión mundial. Sin embargo, miles de soldados adicionales se movilizan hacia la región, y circulan señales de que la administración podría estar evaluando una incursión terrestre contra la isla iraní de Kharg, un enclave estratégico para las exportaciones de petróleo iraní.

Mientras el Congreso permanezca dividido, las resoluciones demócratas funcionarán como registro político y herramienta de presión, pero no como límites legales reales. Trump seguirá con las manos libres, y el costo humano —miles de uniformados en tránsito hacia un conflicto de contornos aún inciertos— permanece como la variable más silenciada del debate.

El Senado de Estados Unidos votó el miércoles para rechazar un nuevo intento de frenar las operaciones militares contra Irán. La medida no prosperó: 47 senadores votaron a favor, 53 en contra. Con esa derrota, el presidente Donald Trump mantiene su autoridad para continuar desplegando fuerzas armadas en Oriente Próximo sin necesidad de que el Congreso apruebe formalmente la acción.

La moción había sido presentada por Chris Murphy, senador demócrata de Connecticut, con la intención explícita de bloquear exactamente esto: que el ejecutivo actuara por su cuenta. El voto reveló las fracturas internas en ambos bandos. Entre los republicanos, solo Rand Paul se alineó con los demócratas. Entre estos últimos, John Fetterman de Pensilvania, conocido por su apoyo firme a Israel, rompió la disciplina de su partido y votó en contra.

Esta no fue la primera vez. Hace menos de una semana, el Senado había rechazado una medida similar que buscaba restringir ataques contra Irán, Venezuela y Cuba. Los demócratas han presentado al menos tres resoluciones diferentes en lo que va de este período, cada una ordenando a la administración retirar el uso de fuerzas estadounidenses en operaciones contra países específicos. La estrategia es forzar el debate y obligar a los republicanos a tomar posición públicamente, aunque hasta ahora ninguna ha conseguido los votos necesarios.

Murphy fue directo en su frustración. "Es nuestra única oportunidad para debatir sobre la guerra, lo cual es trágico", dijo en una rueda de prensa después de la votación. Agregó que los republicanos necesitaban entender algo fundamental: "Esta guerra no se está volviendo más popular con el paso del tiempo". La observación apunta a una realidad política incómoda para la administración. Trump mismo expresó esta semana su deseo de poner fin a las operaciones contra Irán, citando la presión que ejercen el aumento de los precios de la energía y las advertencias sobre una posible recesión económica mundial.

Pero las acciones contradicen las palabras. Mientras Trump hablaba de terminar la guerra, miles de soldados estadounidenses adicionales se estaban movilizando hacia Oriente Próximo. El despliegue sugiere que la administración podría estar considerando una escalada significativa: una incursión terrestre contra la isla iraní de Kharg, un centro crucial de exportación de petróleo. Si eso ocurre, el conflicto regional entraría en una fase completamente nueva, con implicaciones que van mucho más allá de los ataques aéreos que han caracterizado la campaña hasta ahora.

Lo que queda claro es que los demócratas carecen de los votos para detener al presidente. Sus resoluciones funcionan como herramientas de presión política y registro histórico, pero no como frenos legales. Trump seguirá teniendo las manos libres mientras el Congreso permanezca dividido y los republicanos mantengan su mayoría en el Senado.

Es nuestra única oportunidad para debatir sobre la guerra, lo cual es trágico. Debemos lograr que los republicanos se den cuenta. Esta guerra no se está volviendo más popular con el paso del tiempo.
— Senador Chris Murphy (demócrata, Connecticut)
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué los demócratas siguen presentando mociones que saben que van a perder?

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Porque cada voto es un registro. Cada debate fuerza a los republicanos a justificar públicamente su posición. Si algo sale mal, quedará constancia de quién votó qué.

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Pero Murphy dijo que es "trágico" que sea su única oportunidad para debatir. ¿Qué quiso decir?

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Que en una democracia normal, una decisión de guerra debería requerir aprobación explícita del Congreso. Aquí, el presidente actúa y el Senado solo puede intentar detenerlo después. Es al revés.

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¿Y Fetterman? ¿Por qué un demócrata votó en contra?

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Porque su distrito tiene una base electoral que apoya fuertemente a Israel. Para él, cualquier restricción a operaciones contra Irán es inaceptable, aunque eso signifique romper con su partido.

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Trump dijo que quiere terminar la guerra. Entonces, ¿por qué envía más tropas?

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Eso es lo que nadie puede explicar claramente. O está negociando desde una posición de fuerza, o está considerando algo más grande. La isla de Kharg es un objetivo estratégico importante.

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¿Qué pasa si intenta una incursión terrestre?

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Todo cambia. Los ataques aéreos tienen un costo político y económico. Una guerra terrestre tiene un costo en vidas estadounidenses. Eso es lo que realmente asusta a los demócratas.

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