En Colombia, una costumbre antigua encuentra nuevo hogar en el objeto más íntimo de la vida moderna: el teléfono celular. Guardar una ramita de romero bajo su funda no es un acto de ingenuidad, sino una forma de anclar intenciones en el único objeto que nunca se deja atrás. Sin respaldo científico pero con profundo arraigo cultural, esta práctica recuerda que los seres humanos siempre hemos necesitado convertir los objetos cotidianos en portadores de significado.