Cada verano, el regreso de los nebulizadores a las terrazas reaviva una pregunta legítima sobre la bacteria Legionella, que se propaga por inhalación de aerosoles y encuentra en el agua estancada y tibia su entorno ideal. La respuesta, sin embargo, no está en la presencia del dispositivo sino en la calidad de su mantenimiento: una instalación bien diseñada y correctamente supervisada convierte el riesgo en algo manejable. La normativa española regula estos sistemas precisamente porque la salud pública eficaz actúa antes de que el peligro se haga visible.