En las cumbres más altas de los Andes, donde la ciencia suponía que ningún mamífero podría sobrevivir, un pequeño roedor ha reescrito los límites de lo posible. El ratón orejudo andino, descubierto a más de 6.700 metros de altitud en el volcán Llullaillaco, desafía con su mera existencia las certezas fisiológicas que durante décadas definieron nuestra comprensión de la vida. Su historia no es solo la de una especie resiliente, sino la de la evolución como fuerza capaz de moldear lo extraordinario allí donde el mundo parece negarse a ser habitado.