En un momento en que la incertidumbre económica y geopolítica redefine las prioridades cotidianas, los viajeros europeos no han renunciado al viaje, sino que lo han reinventado: más cerca, más calculado, más consciente. El precio —con un gasto medio de 350 euros como umbral de tensión— se ha convertido en el gran árbitro de las decisiones vacacionales, empujando a cuatro de cada diez europeos a abandonar destinos lejanos en favor de la proximidad y la seguridad. España, con nueve de los veinte destinos de mayor crecimiento turístico, emerge como símbolo de este nuevo orden, mientras el pago fr
El precio frena los viajes de cuatro de cada diez usuarios europeos
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