Científicos proponen usar 'jiu-jitsu meteorológico' para desviar huracanes y evitar catástrofes climáticas

La helada de Texas de 2021 causó más de 200 muertes, 4,5 millones de hogares sin electricidad y 195.000 millones de dólares en daños; la técnica propuesta podría haber mitigado estos impactos.
Usar el impulso del rival para derribarlo, pero aplicado al clima
Los investigadores comparan su método con el jiu-jitsu: aprovechar la propia fuerza del sistema atmosférico para redirigir desastres.

El método combina análisis matemático avanzado con inteligencia artificial para identificar puntos críticos donde intervenciones mínimas pueden alterar eventos extremos. En simulaciones, perturbaciones aplicadas 7 días antes desviaron el huracán Sandy 322 km y redujeron la helada de Texas 2021 en 10°C, evitando cientos de muertes.

  • 417.000 millones de dólares en pérdidas económicas por desastres climáticos en 2024
  • Huracán Sandy desviado 322 km en simulaciones con perturbaciones aplicadas 7 días antes
  • Helada de Texas 2021: 195.000 millones de dólares en daños, 200+ muertos, 4,5 millones sin electricidad

Científicos de Arizona desarrollan técnica para redirigir huracanes e inundaciones mediante pequeñas perturbaciones atmosféricas estratégicas, aprovechando la sensibilidad natural del clima con mínimo gasto energético.

En 2024, los desastres climáticos extremos dejaron un rastro de 417.000 millones de dólares en pérdidas económicas globales. Las aseguradoras apenas cubrieron una cuarta parte de esa cifra. Los diques, las presas, los seguros: toda la infraestructura que construimos para contener la furia del clima está llegando a sus límites. Desde 1970, los riesgos hidrometeorológicos —inundaciones, sequías, tormentas— han sido responsables del 74% de las pérdidas por catástrofes naturales. Es un problema que no se resuelve con más hormigón ni más pólizas.

Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Arizona propone algo radicalmente distinto: no luchar contra el clima, sino usarlo contra sí mismo. Su enfoque, publicado recientemente en la revista PLOS Water, se llama Weather Jiu-Jitsu —jiu-jitsu meteorológico—, y la idea es tan elegante como contraintuitiva. En lugar de gastar enormes cantidades de energía para frenar un huracán o suavizar una helada extrema, los investigadores sugieren aplicar perturbaciones minúsculas en el momento y lugar exactos, aprovechando la propia inestabilidad de la atmósfera para redirigir el fenómeno antes de que alcance zonas pobladas. Es como un judoka que usa el impulso del rival para derribarlo, pero aplicado a sistemas meteorológicos.

La inspiración viene de Edward Lorenz, el matemático que descubrió la teoría del caos y demostró que los sistemas atmosféricos son extraordinariamente sensibles a las condiciones iniciales. Esa misma sensibilidad que hace imposible predecir el tiempo con precisión más allá de dos semanas es, paradójicamente, la que abre una ventana de oportunidad para intervenir. El método combina dos herramientas poderosas: los Exponentes de Lyapunov de Tiempo Finito, un diagnóstico matemático que identifica los puntos del flujo atmosférico más vulnerables a perturbaciones, y Aurora, un modelo de predicción meteorológica basado en aprendizaje profundo desarrollado por Microsoft. Juntos, permiten saber exactamente dónde y cuándo dar el empujón preciso.

La intervención física es sorprendentemente simple. Los investigadores introducen pequeñas anomalías de calor y humedad —variaciones de temperatura entre 6,7 y 10,4 grados Celsius en puntos localizados— en zonas estratégicas aguas arriba del fenómeno que se quiere modificar. El sistema atmosférico amplifica esas perturbaciones por su propia dinámica natural, como si el caos mismo fuera el aliado. En las simulaciones, cada intervención mantuvo la energía necesaria por debajo del 2% de la energía total del sistema, una cifra asombrosamente pequeña considerando los efectos obtenidos.

Los resultados de las pruebas son contundentes. Con el huracán Sandy, perturbaciones aplicadas siete días antes del impacto desviaron la trayectoria simulada del ciclón unos 322 kilómetros, distancia suficiente para que Nueva York quedara fuera de su camino. En el caso de la gran helada de Texas de 2021, intervenciones sobre el bloqueo ártico aguas arriba lograron reducir la anomalía de temperatura mínima en unos 10 grados Celsius. Esa helada dejó más de 200 muertos, 4,5 millones de hogares sin electricidad y 195.000 millones de dólares en daños. Con el río atmosférico que inundó California en 2022, una sola perturbación dirigida redujo el transporte de vapor en un 5% bajo condiciones favorables.

Pero los investigadores son cautelosos. Controlar el caos en modelos matemáticos no es lo mismo que intervenir en la atmósfera real. Los experimentos actuales son pruebas de concepto, no garantías operativas. A los desafíos técnicos —monitorización en tiempo real, asimilación de datos satelitales, drones de medición in situ— se suman los políticos. Cualquier intervención atmosférica que cruce fronteras nacionales plantea preguntas inmediatas sobre responsabilidad transfronteriza, consentimiento y distribución equitativa de riesgos. Los marcos internacionales existentes, como la Convención de Modificación Ambiental de la ONU, ofrecen un posible camino, pero necesitarán adaptaciones profundas.

Aun así, la voluntad política no parte de cero. Japón, China y los Emiratos Árabes Unidos ya operan programas nacionales de modificación meteorológica —siembra de nubes, supresión de granizo, mejora de precipitaciones—, lo que sugiere que escalar esta idea es políticamente viable. Los investigadores proponen una hoja de ruta con tres fases: a corto plazo, experimentos controlados con aprendizaje profundo sobre eventos históricos extremos; a medio plazo, pilotos regionales escalados y marcos de gobernanza con la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente; y a largo plazo, proyectos piloto operativos limitados bajo supervisión internacional formal. La pregunta ya no es si es posible, sino cuándo comenzaremos a intentarlo.

Controlar el caos en modelos matemáticos no es lo mismo que intervenir en la atmósfera real
— Investigadores de la Universidad Estatal de Arizona
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué funciona esto? ¿No es el clima demasiado grande para que pequeños cambios importe?

Model

Exactamente lo opuesto. El clima es tan sensible que pequeños cambios importan muchísimo. Lorenz lo descubrió hace décadas: un cambio minúsculo en las condiciones iniciales puede alterar completamente el resultado. Eso que hace imposible predecir el tiempo es lo que lo hace intervenir.

Inventor

Pero si es tan sensible, ¿cómo sabes dónde intervenir sin causar un desastre diferente?

Model

Eso es lo que resuelven los Exponentes de Lyapunov. Son como un mapa que muestra dónde el sistema atmosférico es más vulnerable. No intervienen al azar; intervienen en los puntos exactos donde el caos amplificará el cambio en la dirección deseada.

Inventor

¿Y si funciona en simulaciones pero falla en la realidad?

Model

Ese es el riesgo real. Las simulaciones usan datos perfectos. La atmósfera real es ruidosa, impredecible, llena de variables que no controlamos. Por eso los investigadores hablan de pruebas de concepto, no de garantías. Necesitamos pilotos reales antes de escalar.

Inventor

¿Quién decide si desviamos un huracán hacia otro lugar? ¿Qué pasa si lo movemos hacia otro país?

Model

Ese es el problema político que nadie quiere resolver. Si desvías Sandy lejos de Nueva York pero lo acercas a Nueva Jersey, ¿quién es responsable? ¿Quién da permiso? Los marcos internacionales existen pero son débiles. Por eso la hoja de ruta incluye gobernanza internacional formal.

Inventor

¿Entonces esto nunca va a pasar?

Model

Japón, China y los Emiratos ya lo hacen a escala menor con siembra de nubes. La voluntad política existe. Lo que falta es acuerdo sobre cómo hacerlo sin que un país intervenga en el clima de otro. Eso es más un problema de política que de ciencia.

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