En un momento en que la humanidad deposita grandes esperanzas en robots cada vez más sofisticados, un investigador español en Cambridge propone mirar en dirección contraria: no hacia máquinas más complejas e individuales, sino hacia enjambres de robots simples que piensan juntos. Eduardo Sebastián recuerda que la inteligencia, en la naturaleza, rara vez reside en un solo cerebro, y que la resiliencia ante el caos —un incendio, un terremoto— exige precisamente esa humildad distribuida. Su trabajo invita a repensar qué significa ser útil en el momento más crítico.