El péndulo político latinoamericano se acelera: de la 'marea rosa' al giro derechista

El péndulo no se detuvo; simplemente aceleró su ritmo
Los ciclos políticos latinoamericanos que duraban quince años ahora se completan en un solo período presidencial.

América Latina vive una aceleración histórica de su péndulo político: tras décadas de oscilaciones lentas entre izquierda y derecha, los ciclos se han comprimido hasta voltear gobiernos enteros en un solo período presidencial. La victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia no es un hecho aislado, sino el último eslabón de una cadena que incluye a Milei, Bukele y Kast, figuras que comparten menos una ideología coherente que un rechazo visceral a las instituciones establecidas. Lo que mueve este péndulo acelerado ya no es el debate económico clásico, sino la demanda urgente de seguridad y orden en sociedades agotadas por la promesa incumplida.

  • El triunfo de De la Espriella en Colombia confirma que el giro regional hacia la derecha antisistema no es una excepción sino un patrón que se repite con creciente velocidad.
  • Los nuevos líderes no se presentan como ideólogos sino como outsiders que prometen romper con la casta política, y esa narrativa de ruptura está desplazando los debates económicos tradicionales.
  • La impaciencia social se ha vuelto tan intensa que ciclos que antes tardaban quince años en completarse ahora se cierran dentro de un solo período presidencial.
  • Las redes sociales amplifican el escrutinio y aceleran el desgaste de los gobiernos, aunque su papel exacto en esta compresión del tiempo político aún no está del todo comprendido.
  • La seguridad pública se ha convertido en el eje central del debate regional, desplazando las discusiones sobre redistribución e ideología que dominaron la marea rosa de los años dos mil.

Cuando Abelardo de la Espriella ganó la presidencia de Colombia, los analistas repitieron el diagnóstico de meses: la región gira hacia la derecha. Pero lo que ocurre en América Latina es más complejo que una oscilación ideológica. Es un péndulo que se mueve cada vez más rápido, impulsado por fuerzas que superan los viejos debates entre izquierda y derecha.

De la Espriella se suma a Bukele y Milei, figuras que no son políticos tradicionales sino outsiders que prometen romper con lo que llaman la casta política. Lo que los une no es una ideología coherente, sino un rechazo compartido a las instituciones convencionales y promesas de austeridad, inversión extranjera y mano dura contra el crimen.

Para entender el presente hay que mirar atrás. A principios de los años dos mil, la marea rosa transformó el continente: Chávez, Lula, Kirchner, Morales. Esa ola duró unos quince años, hasta que el desgaste acumulado —corrupción, inflación, promesas incumplidas— hizo girar el péndulo. Entre 2015 y 2018, la derecha regresó con Macri, Piñera y Bolsonaro. Luego, entre 2018 y 2024, la región viró nuevamente hacia la izquierda: López Obrador, Boric, Petro, Lula. A finales de 2022, las seis principales economías de la región tenían gobiernos de centroizquierda o izquierda.

Ahora el giro vuelve a ser hacia la derecha, pero con una velocidad que sorprende incluso a los observadores más experimentados. En 2023 llegó Milei; en 2024, Mulino, Bukele reelecto y Noboa; en 2025, Kast en Chile, Paz en Bolivia, Asfura en Honduras y De la Espriella en Colombia. Lo que distingue este ciclo es que el debate ya no gira en torno a la economía o la ideología clásica: el eje se ha desplazado hacia la seguridad y el orden.

La impaciencia social es palpable. Donde antes un gobierno duraba quince años antes de que el péndulo girara, hoy gobiernos completos se voltean en un solo período presidencial. Las redes sociales parecen estar acelerando este proceso, aunque su rol exacto aún no está completamente comprendido.

El domingo pasado, cuando Abelardo de la Espriella se convirtió en presidente electo de Colombia, los analistas políticos comenzaron a escribir sobre lo mismo que llevan meses escribiendo: la región está girando hacia la derecha. Pero lo que está sucediendo en América Latina es más complejo que una simple oscilación ideológica. Es un péndulo que se mueve cada vez más rápido, impulsado por fuerzas que van más allá de los viejos debates entre izquierda y derecha.

De la Espriella se suma a una lista creciente de líderes que prometen austeridad, inversión extranjera y mano dura contra el crimen. Nayib Bukele en El Salvador y Javier Milei en Argentina ya ganaron con mensajes similares. Estos no son políticos tradicionales. Son figuras que se presentan como ajenas al sistema político establecido, y esa promesa de ruptura parece resonar con los votantes cansados de las instituciones convencionales. Lo que une a estos líderes no es tanto una ideología coherente como un rechazo común a lo que llaman la casta política.

Para entender cómo llegamos aquí, hay que mirar hacia atrás. A principios de los años dos mil, América Latina experimentó lo que se conoce como la marea rosa: una ola de gobiernos de izquierda que transformó el continente. Hugo Chávez ganó en Venezuela en 1998, seguido por Lula da Silva en Brasil en 2002, Néstor Kirchner en Argentina en 2003, Evo Morales en Bolivia en 2005, y una serie de otros líderes progresistas en los años siguientes. Colombia fue la excepción notable, manteniéndose bajo gobiernos de derecha con Andrés Pastrana y luego Álvaro Uribe Vélez, quien respondió a una guerrilla desbordada con políticas de mano dura que los votantes apoyaron.

Esta primera ola de gobiernos de izquierda duró aproximadamente quince años. Pero hacia 2015, el péndulo comenzó a girar nuevamente. Los gobiernos progresistas acumularon desgaste: superinflación, corrupción documentada en casos como el escándalo de Odebrecht que se extendió por toda la región, y una sensación generalizada de que las promesas no se habían cumplido. Entre 2015 y 2018, la derecha regresó al poder en Argentina con Mauricio Macri, en Perú con Pedro Pablo Kuczynski, en Ecuador con Lenín Moreno, en Chile con Sebastián Piñera, y en Brasil con Jair Bolsonaro. En Colombia, Iván Duque sucedió a Juan Manuel Santos.

Pero el péndulo no se detuvo. Entre 2018 y 2024, la región giró nuevamente hacia la izquierda. Andrés Manuel López Obrador llegó a México, Alberto Fernández a Argentina, Luis Arce a Bolivia, Gabriel Boric a Chile, y Gustavo Petro se convirtió en el primer presidente de izquierda en la historia de Colombia. Lula regresó a Brasil. Para muchos analistas, la pandemia, la crisis económica y los estallidos sociales de 2019 fueron el catalizador. A finales de 2022 y principios de 2023, las seis principales economías de la región estaban gobernadas por gobiernos de centroizquierda o izquierda.

Ahora, apenas unos años después, el giro es nuevamente hacia la derecha, pero con una velocidad que sorprende incluso a los observadores políticos. En 2023, Santiago Peña llegó a Paraguay y Javier Milei conquistó Argentina con su estilo provocador. En 2024, José Raúl Mulino ganó en Panamá, Nayib Bukele fue reelecto en El Salvador, y Daniel Noboa ganó en Ecuador. En 2025, el patrón se aceleró aún más: José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz en Bolivia, Nasry Asfura en Honduras, y ahora De la Espriella en Colombia.

Lo que distingue este nuevo ciclo es que el debate ya no se centra principalmente en economía o ideología tradicional. El eje se ha desplazado hacia la seguridad y el orden. En Chile, Kast ganó prometiendo seguridad por encima de todo. Bukele ha construido su popularidad sobre la represión de pandillas y la construcción de megacárceles, a pesar de las denuncias generalizadas de violaciones a los derechos humanos. La impaciencia social es palpable, y los ciclos políticos se han comprimido: donde antes un gobierno duraba quince años antes de que el péndulo girara, ahora gobiernos completos se voltean en un solo período presidencial. Las redes sociales, con su capacidad para amplificar narrativas y mantener un escrutinio constante, parecen estar acelerando este proceso, aunque su rol exacto aún no está completamente entendido.

El eje de la discusión ahora se ubica más así: casta política vs. antisistema, y sobre todo, la seguridad
— Análisis de la reconfiguración política regional
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué el péndulo se mueve más rápido ahora que hace veinte años?

Model

Porque la gente está más conectada y menos paciente. Antes, un gobierno tenía años para demostrar que funcionaba o fracasaba. Ahora, en seis meses sabes si las cosas mejoraron, y si no, estás listo para votar por alguien completamente diferente.

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Pero estos nuevos líderes—Milei, Bukele, De la Espriella—¿son realmente de derecha, o son algo más?

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Son algo más. No están peleando sobre impuestos o regulaciones. Están peleando contra la idea misma de que los políticos tradicionales deberían estar en el poder. Es antisistema, no necesariamente de derecha.

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¿Y la seguridad? ¿Por qué se convirtió en el tema central?

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Porque la gente está asustada. Las pandillas, la violencia, el crimen organizado—estos son problemas que los gobiernos anteriores no resolvieron. Cuando prometes orden, prometes que tu familia estará segura. Eso vence cualquier otro argumento.

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¿Qué pasa cuando estos nuevos gobiernos no entregan seguridad?

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Entonces el péndulo gira de nuevo. Pero ahora sabemos que gira más rápido. Tal vez en tres años, no en quince.

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¿Las redes sociales realmente importan tanto?

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Nadie sabe con certeza. Pero cuando un video de un político puede llegar a millones en horas, y cuando la narrativa puede cambiar en días, es difícil imaginar que no importa.

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