En el norte de Chile, donde el viento sopla con fuerza suficiente para iluminar cientos de miles de hogares, Repsol ha descubierto que generar energía limpia y poder entregarla son dos cosas muy distintas. Su parque eólico de Antofagasta, inaugurado con ambición en 2025, acumula casi 300 millones de euros en pérdidas contables porque la red eléctrica chilena, desbordada por el propio éxito de las renovables, no puede transportar lo que produce. Es una paradoja de nuestro tiempo: la abundancia de energía verde se convierte en problema cuando la infraestructura que debe conducirla no ha crecido