En la intersección entre la tecnología cotidiana y el ingenio delictivo, el papel de aluminio ha emergido como un escudo improvisado contra la vigilancia digital. Durante un festival en Gandía, agentes policiales descubrieron a un sospechoso portando una docena de teléfonos envueltos en este material doméstico, revelando una práctica que convierte la física elemental —la jaula de Faraday— en táctica de sustracción. El hallazgo nos recuerda que las herramientas más simples pueden subvertir sistemas complejos, aunque siempre de forma imperfecta y provisional.