La religión debe servir a la paz, no justificar la violencia
En un país marcado por décadas de guerra y fractura religiosa, el Papa Francisco llegó a Bagdad como mensajero de una verdad antigua: que la diversidad no es una herida, sino una herencia. Su primer viaje internacional en quince meses no fue solo un gesto diplomático, sino un acto de presencia simbólica en la tierra donde tres grandes religiones monoteístas hunden sus raíces comunes. Francisco instó a autoridades y comunidades a construir sobre lo que comparten, no sobre lo que los separa, recordando a las víctimas de la violencia como testimonio de lo que está en juego.
- Francisco aterrizó en Bagdad cargando un mensaje urgente: la religión que ha sido usada para justificar la violencia debe convertirse en el instrumento de la paz.
- El país que lo recibió lleva el peso de tres guerras devastadoras, el genocidio yazidí y el terror del Estado Islámico, heridas que aún sangran en comunidades enteras.
- El Papa nombró sin rodeos los males que frenan la reconstrucción: corrupción, abuso de poder, proliferación de armas e intereses externos que ignoran al pueblo iraquí.
- La pequeña comunidad católica iraquí, reducida y asediada, recibió un llamado a no rendirse: su fe, aunque minoritaria, puede ser fermento de transformación.
- El viaje culminará en Ur de Caldea y Najaf, donde Francisco buscará sellar con presencia física la alianza interreligiosa que ya firmó en Abu Dhabi en 2019.
Francisco llegó a Bagdad un viernes con un mensaje que Irak llevaba años esperando: la religión debe servir a la paz, no justificar la violencia. Era su primer viaje internacional en quince meses, y lo eligió para un país que ha soportado tres guerras enormes desde los años ochenta y el auge brutal del Estado Islámico.
Ante las autoridades iraquíes en el palacio presidencial, el Papa fue claro: la diversidad religiosa, cultural y étnica de Irak no es un obstáculo, sino un recurso valioso que puede mostrar al mundo entero que las diferencias son capaces de cooperar en lugar de generar conflictos. El presidente Barham Salih había abierto el camino con palabras sobre convivencia; Francisco las amplificó con una visión más profunda de lo que Irak podría llegar a ser.
Pero el Papa no vino a pronunciar discursos abstractos. Recordó específicamente a los yazidíes, víctimas de lo que llamó una barbarie insensata y deshumana. En la catedral siro-católica rindió homenaje a cuarenta y ocho mártires de un atentado terrorista ocurrido diez años atrás, cuya beatificación avanza. Eran nombres y comunidades, no cifras.
Al gobierno le habló con igual franqueza: combatan la corrupción, los abusos de poder y la ilegalidad; edifiquen justicia y transparencia; callen las armas y rechacen los intereses externos indiferentes al pueblo. Agradeció la ayuda internacional, pero pidió que no se impusieran agendas políticas ajenas.
Francisco llevaba consigo el Documento de Fraternidad Humana firmado en 2019 con el gran Imán de Al-Azhar, donde ambos dejaron escrito que el nombre de Dios no puede usarse para justificar homicidios ni opresión. Era la brújula moral de todo el viaje.
Antes de partir hacia Najaf para reunirse con el Gran Ayatolá Alí Al-Sistani, se dirigió a la pequeña comunidad católica iraquí: aunque sean pocos como un grano de mostaza, les dijo, no se dejen vencer por el desaliento. El sábado lo llevaría a Ur de Caldea, tierra natal de Abraham, para reunirse con líderes de todas las tradiciones religiosas presentes en Irak. Era un viaje que no hablaba solo con palabras, sino con la elocuencia de la presencia misma.
Francisco llegó a Bagdad el viernes con un mensaje que llevaba años esperando escuchar un país destrozado: la religión debe servir a la paz, no justificar la violencia. Era su primer viaje internacional en quince meses, un regreso a los viajes después de que la pandemia lo mantuviera confinado. En el palacio presidencial, ante las autoridades iraquíes, el Papa habló con la claridad de quien ha visto demasiado sufrimiento. "Si nos miramos entre nosotros, con nuestras diferencias, como miembros de la misma familia humana, podremos comenzar un proceso efectivo de reconstrucción", dijo, dirigiéndose a un país que ha soportado tres guerras enormes desde los años ochenta: primero contra Irán, luego las invasiones y ocupaciones que siguieron, y más recientemente el auge y caída del Estado Islámico.
Lo que Francisco enfatizó no fue un llamado abstracto a la tolerancia. Fue una afirmación sobre la naturaleza misma de Irak. La diversidad religiosa, cultural y étnica que ha caracterizado a la sociedad iraquí durante milenios, dijo, es un recurso valioso para aprovechar, no un obstáculo a eliminar. El presidente Barham Salih, ingeniero formado en Cardiff y Liverpool, había recibido al Papa con palabras sobre integración nacional y convivencia entre grupos religiosos. Francisco amplificó ese mensaje, sugiriendo que Irak podría mostrar al mundo entero, especialmente a Oriente Medio, que las diferencias pueden cooperar armónicamente en lugar de generar conflictos.
Pero el Papa no vino solo a hablar de unidad abstracta. Recordó específicamente a los yazidíes, víctimas de lo que llamó "una barbarie insensata y deshumana", perseguidos y asesinados por sus creencias religiosas, su identidad y supervivencia puestas en peligro. En la catedral siro-católica, rindió homenaje a cuarenta y ocho hermanos y hermanas que murieron en un atentado terrorista hace diez años, cuya beatificación está en proceso. Estos no eran números abstractos en un discurso; eran nombres, historias, comunidades que habían sufrido.
Al gobierno, Francisco fue directo: combatan la corrupción, los abusos de poder, la ilegalidad. Edifiquen la justicia, que crezca la honestidad y la transparencia, refuercen las instituciones. Pero también exhortó a que callen las armas, que se evite su proliferación, que cesen los intereses externos indiferentes a la población local. Agradeció la ayuda internacional a la reconstrucción, pero pidió que las naciones no retiren la mano extendida de amistad, que trabajen con espíritu de responsabilidad común sin imponer intereses políticos o ideológicos.
El Papa llevaba consigo el Documento de Fraternidad Humana que había firmado en 2019 en Abu Dhabi con Ahmed Al-Tayyeb, el gran Imán de la Universidad de Al-Azhar, referente teológico de mil trescientos millones de musulmanes sunníes. En ese documento, ambos habían dejado claro que el nombre de Dios no puede ser usado para justificar homicidios, exilio, terrorismo u opresión. Era la brújula moral con la que Francisco navegaba su mensaje a Irak.
Antes de partir hacia Najaf para encontrarse con el Gran Ayatolá Alí Al-Sistani, la máxima autoridad religiosa chiíe, Francisco se dirigió a la pequeña comunidad católica iraquí. Aunque fuera pequeña como un grano de mostaza, les dijo, no se dejen contagiar del virus del desaliento. Una fe viva en Jesús es contagiosa, puede cambiar el mundo. El sábado lo llevaría a Ur de Caldea, la tierra natal de Abraham, donde se reuniría con líderes de todas las tradiciones religiosas presentes en Irak para proclamar una vez más que la religión debe servir a la causa de la paz y la unidad entre todos los hijos de Dios. Era un viaje que no era solo sobre palabras, sino sobre presencia: el Papa en el terreno donde tres religiones monoteístas reclaman sus raíces comunes.
Notable Quotes
Si nos miramos entre nosotros, con nuestras diferencias, como miembros de la misma familia humana, podremos comenzar un proceso efectivo de reconstrucción— Papa Francisco, en el palacio presidencial de Bagdad
La religión, por su naturaleza, debe estar al servicio de la paz y la fraternidad. El nombre de Dios no puede ser usado para justificar actos de homicidio, exilio, terrorismo y opresión— Papa Francisco, citando el Documento de Fraternidad Humana de 2019
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué un viaje a Irak ahora, después de quince meses sin viajar? ¿Qué lo hizo regresar precisamente aquí?
Irak es un laboratorio de lo que puede salir mal cuando la religión se convierte en arma. Tres guerras en cuatro décadas. El Estado Islámico. Yazidíes casi exterminados. Pero también es el lugar donde Abraham nació, donde las tres religiones monoteístas comparten raíces. Francisco viene a decir: esto es recuperable, pero solo si dejamos de usar a Dios como justificación para matar.
Mencionó específicamente a los yazidíes. ¿Por qué ese énfasis?
Porque fueron casi borrados del mapa. No es un grupo grande, no tienen poder político. Pero sufrieron lo que muchos llaman genocidio. Recordarlos públicamente, en el palacio presidencial, es decir: no importa cuán pequeño seas, tu sufrimiento cuenta. Tu existencia importa.
¿Y el mensaje sobre la corrupción? ¿Eso no es arriesgado para un Papa visitando un país con gobiernos frágiles?
Es exactamente lo que necesitaba escuchar. La reconstrucción no es solo física. Si los líderes siguen robando, si la justicia no funciona, si los intereses externos importan más que la gente local, entonces nada cambia. Francisco está diciendo: la paz sin justicia es solo una pausa antes del próximo conflicto.
¿Cree que alguien lo escuchará?
Eso depende de si la gente en Irak cree que la unidad es posible. Francisco no puede obligar a nadie. Pero puede estar allí, en Ur, donde Abraham es padre de todos, y decir: esto es lo que somos capaces de ser. A veces eso es suficiente para que alguien empiece a creer.