El conocimiento técnico sigue siendo indispensable, pero ya no es suficiente
En un momento en que la inteligencia artificial puede calcular más rápido que cualquier mente humana, las empresas descubren que lo que más necesitan de un ingeniero no es su dominio de fórmulas, sino su capacidad de imaginar, colaborar y adaptarse. El Foro Económico Mundial advierte que casi el 40% de las habilidades actuales perderá relevancia antes de 2030, y dos tercios de los empleadores ya sienten esa brecha como un obstáculo real. Lo que emerge no es el fin de la ingeniería, sino su reinvención: el conocimiento técnico sigue siendo la base, pero las cualidades más profundamente humanas se convierten en el verdadero diferencial.
- La automatización y la IA están vaciando de valor exclusivo al conocimiento técnico que durante décadas fue el único pasaporte profesional del ingeniero.
- El 63% de los empleadores en el mundo ya identifica la brecha de competencias como el principal freno para transformar sus organizaciones, una señal de alarma que no puede ignorarse.
- Las universidades siguen formando con currículos que se quedan atrás: los estudiantes aprenden en aulas mientras las industrias evolucionan a una velocidad que las aulas no alcanzan.
- Empresas como Pavco Wavin están tomando la iniciativa y tendiendo puentes directos con las universidades, como el taller reciente con la Universidad Nacional de Ingeniería, para cerrar esa distancia.
- El nuevo perfil del ingeniero que el mercado exige ya está tomando forma: creatividad, liderazgo, curiosidad, pensamiento crítico y capacidad de desaprender son ahora las competencias que marcan la diferencia.
Las máquinas aprenden más rápido cada día, los procesos se automatizan y las ciudades exigen infraestructuras más inteligentes. En ese contexto, algo esencial está cambiando en lo que las empresas buscan cuando contratan a un ingeniero.
Durante décadas, el conocimiento técnico —cálculo, termodinámica, diseño de sistemas— fue el pasaporte profesional indiscutible. Ya no lo es. Según el Foro Económico Mundial, casi cuatro de cada diez habilidades actuales habrán perdido relevancia antes de 2030, y casi dos tercios de los empleadores reconocen que la falta de competencias adecuadas es uno de sus mayores obstáculos para transformarse. Un análisis de LinkedIn refuerza la tendencia: el 70% de las capacidades exigidas en la mayoría de empleos evolucionará en los próximos años. Y las que ganan valor no son más fórmulas ni más código, sino creatividad, trabajo en equipo, curiosidad genuina y pensamiento crítico: precisamente lo que las máquinas todavía no hacen bien.
Lourdes Palomino, responsable de recursos humanos en Pavco Wavin —empresa de infraestructura y gestión del agua—, lo resume con claridad: el conocimiento técnico sigue siendo indispensable, pero ya no es lo que distingue a un profesional. Las organizaciones necesitan ingenieros que aprendan continuamente, que se adapten, que lideren cambios en entornos que no dejan de moverse. En sectores como infraestructura y sostenibilidad, donde la tecnología avanza sin pausa y los desafíos ambientales se vuelven más complejos, ese perfil es especialmente crítico.
El problema es que las universidades siguen rezagadas. Palomino insiste en que la formación profesional ya no puede ocurrir solo dentro de cuatro paredes. Por eso, Pavco Wavin realizó un taller especializado con estudiantes de la Universidad Nacional de Ingeniería: no una charla motivacional, sino un puente real entre lo que se enseña y lo que las empresas necesitan. Lo que está en juego es la redefinición misma de qué significa ser ingeniero en una era donde la máquina calcula más rápido que cualquier humano, pero donde imaginar soluciones, entender personas y liderar equipos sigue siendo profundamente humano.
Las máquinas aprenden cada vez más rápido. Los procesos de fabricación se automatizan. Las ciudades necesitan infraestructuras más inteligentes y sostenibles. En medio de esta transformación, algo fundamental está cambiando en lo que las empresas buscan cuando contratan a un ingeniero.
Durante décadas, la respuesta fue clara: necesitaban a alguien que supiera cálculo, termodinámica, diseño de sistemas. El conocimiento técnico era el pasaporte. Pero ese pasaporte ya no es suficiente. Según el Foro Económico Mundial, casi cuatro de cada diez habilidades que los trabajadores poseen hoy habrán perdido relevancia o cambiarán radicalmente antes de 2030. Al mismo tiempo, casi dos tercios de los empleadores en el mundo reconocen que la falta de competencias adecuadas es uno de los mayores obstáculos para que sus organizaciones logren transformarse.
La inteligencia artificial está acelerando este cambio. Un análisis reciente de LinkedIn muestra que el 70% de las capacidades que se exigirán en la mayoría de los empleos evolucionará en los próximos años. Y aquí está lo interesante: las habilidades que ganan valor no son más fórmulas o más código. Son la creatividad, la capacidad de trabajar en equipo, la curiosidad genuina, el pensamiento que cuestiona y propone. Son, en otras palabras, las cosas que las máquinas todavía no hacen bien.
Lourdes Palomino, quien lidera el área de recursos humanos en Pavco Wavin, una empresa de infraestructura y gestión del agua, lo explica con claridad. Durante años, el diferencial profesional fue el conocimiento técnico. Hoy sigue siendo indispensable, pero ya no es lo que te distingue. Las organizaciones necesitan ingenieros que aprendan continuamente, que se adapten a contextos nuevos, que colaboren con equipos diversos, que lideren cambios en entornos que no dejan de moverse. En sectores como infraestructura, construcción y gestión eficiente del agua, donde la tecnología avanza constantemente y los desafíos ambientales son cada vez más complejos, este perfil es especialmente crítico.
Pero hay un problema. Las universidades siguen enseñando principalmente en las aulas, con currículos que a menudo quedan rezagados respecto a lo que el mercado necesita. Palomino insiste en que la preparación profesional ya no puede ocurrir solo dentro de cuatro paredes. Los estudiantes necesitan conocer los desafíos reales que enfrentan las industrias, entender las tendencias que están redefiniendo los sectores, desarrollar la capacidad de aprender, desaprender y evolucionar sin parar.
Con esa idea en mente, Pavco Wavin realizó recientemente un taller especializado con estudiantes de la Universidad Nacional de Ingeniería. El objetivo era simple pero ambicioso: acercar a los futuros ingenieros a las tendencias y desafíos reales del sector de infraestructura y sostenibilidad. No era una charla motivacional. Era un puente entre lo que se enseña en la universidad y lo que las empresas realmente necesitan que los ingenieros sepan hacer.
Lo que está en juego es más que un cambio en los requisitos de contratación. Es una redefinición de qué significa ser ingeniero en una era donde la máquina puede hacer cálculos más rápido que cualquier humano, pero donde la capacidad de imaginar soluciones nuevas, de entender a las personas, de liderar equipos a través del cambio, sigue siendo profundamente humana. Las universidades que logren fortalecer esa conexión con la realidad empresarial, que enseñen tanto a pensar como a aprender a pensar diferente, estarán preparando a los ingenieros que el futuro realmente demanda.
Citações Notáveis
Las organizaciones necesitan profesionales capaces de aprender continuamente, adaptarse a nuevos contextos, colaborar con equipos diversos y liderar la transformación en un entorno cada vez más cambiante— Lourdes Palomino, Pavco Wavin
La preparación profesional ya no ocurre únicamente en las aulas. Es fundamental que los estudiantes conozcan los desafíos reales del mercado y desarrollen competencias que les permitan aprender, desaprender y evolucionar constantemente— Lourdes Palomino, Pavco Wavin
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué el conocimiento técnico dejó de ser suficiente si sigue siendo indispensable?
Porque la técnica ahora es una línea de base. Cualquier ingeniero debe saber su disciplina, pero eso ya no te diferencia. Lo que diferencia es si puedes ver un problema desde ángulos que otros no ven, si puedes trabajar con gente que piensa distinto, si puedes adaptarte cuando todo cambia.
¿Qué tan rápido está ocurriendo este cambio?
Lo suficientemente rápido como para que casi el 40% de lo que sabes hoy sea menos relevante en cuatro años. Pero lo suficientemente lento como para que todavía haya tiempo de reaccionar si las universidades actúan ahora.
¿Las empresas están realmente buscando estas habilidades o solo las dicen que buscan?
Pavco Wavin está yendo a las universidades a mostrar qué necesita. Eso es más que palabras. Es inversión de tiempo y recursos en conectar con estudiantes que aún no son empleados.
¿Qué pasa con los ingenieros que ya están trabajando y no tienen estas habilidades?
Eso es el verdadero desafío. El 63% de los empleadores dice que la brecha de competencias es una barrera para transformarse. Muchos tienen equipos técnicamente sólidos pero que no saben liderar cambio.
¿Entonces la universidad tiene que cambiar?
La universidad tiene que conectarse con la realidad. No puede enseñar solo teoría. Tiene que mostrar a los estudiantes qué está pasando afuera, qué preguntas reales se están haciendo, qué significa resolver un problema cuando hay incertidumbre.
¿Y si un estudiante solo quiere ser técnico, sin liderazgo ni creatividad?
Probablemente tendrá menos opciones en cinco años. La máquina hará la parte técnica pura. Lo que quedará es lo que requiere juicio, adaptación, visión.