En la madrugada del viernes, la bolsa de Tokio abrió con un avance del 5,1% en su índice Nikkei, arrastrada por el optimismo tecnológico que había florecido horas antes en Wall Street. Este movimiento no es un fenómeno aislado, sino la expresión más visible de cómo los mercados financieros globales se han convertido en un organismo interconectado, donde la confianza viaja a la velocidad de la luz entre continentes. El capital, como el agua, fluye hacia donde percibe solidez, y por ahora el sector tecnológico sigue siendo ese cauce.