La vida es más difícil desde que dejé de comer carne
Entre 2021 y 2023, los veganos estrictos bajaron del 0,8% al 0,7% de la población española, mientras cadenas como Beyond Meat y restaurantes veganos cierran o reintroducen carne. El movimiento pierde adeptos por dificultades prácticas, falta de formación nutricional y críticas sobre salud, pero expertos señalan que es un cambio cualitativo hacia dietas más flexibles y conscientes.
- Veganos estrictos en España: bajaron del 0,8% al 0,7% entre 2021 y 2023
- Población veggie total: descendió del 13% al 11% en el mismo período
- Ventas de alimentos veganos en Reino Unido: cayeron 13,6% interanual
- Restaurantes emblemáticos como Eleven Madison Park y Unity Diner han cerrado o reintroducido carne
Tras años de crecimiento, el veganismo experimenta un retroceso cuantitativo en población estricta, aunque aumentan opciones vegetales en restaurantes. El cambio refleja un giro hacia preocupaciones de bienestar general más que rechazo total a productos animales.
Hace apenas unos años, el veganismo parecía imparable. Las redes sociales amplificaban imágenes de granjas industriales, los restaurantes especializados se multiplicaban, y en cualquier cena familiar española había alguien pidiendo un filete de seitán en lugar de cordero. Ahora, cuando esa normalización parecía al alcance, los números cuentan una historia más complicada: el movimiento está perdiendo impulso, aunque no de la forma que sus críticos esperaban.
Los datos son claros pero matizados. Entre 2021 y 2023, la población de veganos estrictos en España cayó del 0,8% al 0,7%, según la Unión Vegetariana Española. El segmento más amplio de consumidores veggie —que incluye vegetarianos y flexitarianos— descendió del 13% al 11%. En el Reino Unido, las ventas de alimentos veganos cayeron un 13,6% interanual. Restaurantes emblemáticos como Eleven Madison Park en Nueva York, que apostó por una carta completamente vegetal tras la pandemia, ha reintroducido carne en su menú. Unity Diner en Londres, famoso por su filete vegano impreso en 3D, ha cerrado. Empresas como Beyond Meat e Impossible Foods, que revolucionaron el sector de las hamburguesas veganas, han visto caer sus ventas. Meatless Farm cesó operaciones antes de ser rescatada por su competidor VFC. Oatly y Heck han reducido la producción de algunos productos.
Pero aquí está la paradoja que define este momento: mientras menos gente se identifica como vegana, hay más opciones vegetales disponibles que nunca. Los supermercados de ciudades grandes y pueblos pequeños ofrecen alternativas que hace cinco años eran impensables. Restaurantes que nunca se considerarían veganos ahora incluyen opciones vegetales en sus cartas, aunque a menudo las presentan bajo la etiqueta de "alternativa saludable" en lugar de como una propuesta normalizada y completa. La Asociación Vegana de Madrid lo reconoce: el retroceso es real, pero el cambio es más cualitativo que cuantitativo.
Lo que está ocurriendo es un desplazamiento de prioridades. La renuencia total a los productos de origen animal ha perdido peso frente a una preocupación más amplia por la salud y la longevidad. Para muchos, el objetivo ya no es eliminar la carne, sino reducir el consumo de ultraprocesados. La idea de alimentación saludable se ha movido del "menos carne" al "menos aditivos". A esto se suma una ola de críticas sobre los supuestos impactos del veganismo en el desarrollo muscular e infantil, así como las dificultades prácticas de mantener una dieta completamente vegetal en una sociedad mayoritariamente carnívora.
Mario Oliveros, de 33 años, encarna esta transición. Tras cuatro años como vegano estricto, abandonó la dieta. Reconoce que hace una década las redes sociales impulsaron fuertemente el movimiento con imágenes impactantes de granjas industriales que llevaron a muchos a reflexionar. Aunque sigue convencido de que es la opción más ética, asegura que el sacrificio es excesivo. La necesidad de suplementar vitamina B12 le hacía sentir que necesitaba medicarse para sobrevivir. Durante esos cuatro años, su vida giraba completamente en torno a la dieta. Enric Urrutia, fundador de la revista Bueno y Vegano, reconoce que el movimiento "se ha frenado un poco y ha perdido algunos adeptos". Parte del problema, según él, radica en la falta de formación nutricional entre muchos jóvenes, lo que dificulta mantener una dieta vegana equilibrada. "No comen comida orgánica, comen sin productos de origen animal, pero sin conciencia dietética. No se puede vivir a base de fritos: eso también es comida basura", señala. Con todo, Urrutia considera que este bache no supone un retroceso estructural y que la expansión del veganismo continuará a largo plazo.
La desinformación sigue siendo un obstáculo importante. La Asociación Vegana de Madrid reclama información más rigurosa y contrastada. El veganismo sigue siendo poco conocido para una parte significativa de la población, y persiste una notable desinformación sobre cuestiones clave como el aporte de proteínas o la vitamina B12. Ese desconocimiento se traslada también al ámbito de la restauración: aunque muchos locales ofrecen información detallada sobre alérgenos, sigue siendo habitual encontrar platos etiquetados como vegetales que incluyen ingredientes como huevo o atún.
Las experiencias personales revelan distintas formas de adaptación. Eduardo Bordón dejó de comer carne hace siete años tras una reflexión moral sobre el consumo de animales. El cambio le resultó relativamente sencillo porque coincidió con su etapa de Erasmus, cuando empezó a cocinar para sí mismo, y su pareja de entonces era vegana. Al principio su entorno se mostraba mucho más insistente, aunque con el tiempo se han acostumbrado. Bordón señala que ayuda rodearse de personas vegetarianas o veganas, tanto por apoyo como por una cuestión práctica de encontrar opciones en restaurantes. No cree que la sociedad esté plenamente habituada al veganismo, pero tampoco que el movimiento esté en retroceso: hay más alternativas y mayor conciencia, aunque menos personas estrictamente veganas.
Otros, como Jaime Lorite, colaborador de ICON y vegano desde hace varios años, se mantiene fiel. Defiende que el veganismo no debe tratarse como una simple moda: "Ser vegano es muy complicado. Mi vida es más difícil desde que dejé de comer carne. Además de transformar los hábitos de consumo, te obliga a aguantar turras infernales. La gente que se hace vegana no lo hace por moda, sino desde una posición política muy sólida". Después de haber soportado tantas opiniones no solicitadas, no parece el momento de rendirse. Lo que está claro es que el veganismo ha dejado de ser una tendencia ascendente para convertirse en algo más complejo: menos adopción radical, pero integración más profunda en la vida cotidiana.
Citações Notáveis
La necesidad de suplementar vitamina B12 te hace sentir que necesitas medicarte para sobrevivir. Durante los cuatro años que mantuve esa dieta, mi vida giraba en torno a ella.— Mario Oliveros, exvegano de 33 años
El veganismo sigue siendo una opción poco conocida para una parte significativa de la población y persiste una notable desinformación sobre cuestiones clave, como el aporte de proteínas o la vitamina B12.— Asociación Vegana de Madrid
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué cierran restaurantes veganos si hay más opciones vegetales que nunca?
Porque el mercado se está fragmentando. Los restaurantes 100% veganos dependían de una comunidad de verdaderos creyentes. Ahora esa gente come en cualquier sitio que tenga opciones, y los omnívoros no van a un restaurante solo porque sea vegano. Es como si la victoria del veganismo fuera su derrota comercial.
¿Entonces la gente está abandonando el veganismo por razones prácticas o ideológicas?
Ambas. Algunos descubren que no pueden mantenerlo nutricionalmente sin convertir la comida en un proyecto a tiempo completo. Otros simplemente se cansan de ser los raros en la mesa. Pero hay un tercer grupo que nunca fue ideológico: solo querían comer más sano, y descubrieron que pueden hacerlo comiendo menos carne, no cero carne.
¿Qué significa que la gente siga convencida de que es ético pero lo abandone de todas formas?
Significa que la ética tiene un precio, y muchos descubren que no pueden pagarlo indefinidamente. Mario Oliveros lo dice claramente: sigue creyendo que es lo correcto, pero cuatro años de suplementos y restricciones le parecieron demasiado. Es la diferencia entre creer algo y vivirlo.
¿Hay esperanza para el movimiento?
Depende de cómo se mida. Si es por número de veganos estrictos, el retroceso es real. Pero si es por normalización de opciones vegetales, el veganismo ya ganó. Ahora el reto es diferente: no convencer a la gente de que sea vegana, sino asegurarse de que cuando coma vegetales, sepa qué está comiendo.
¿Por qué la desinformación sigue siendo tan importante?
Porque la gente necesita saber que puede vivir bien sin carne. Si crees que necesitas medicarte para sobrevivir, o que tu hijo no crecerá bien, no lo intentarás. La información correcta no convierte a nadie en vegano, pero la información incorrecta sí que los aleja.