Entre abril y junio de 2026, dos fuerzas culturales —el Mundial de Fútbol y el Hot Sale— convergieron en Argentina para transformar no solo cuántos televisores se vendieron, sino cuáles. Con un crecimiento del 61% en unidades, el trimestre reveló algo más profundo que un pico de consumo: una reconfiguración colectiva de lo que significa ver televisión en el hogar. El consumidor no buscaba simplemente reemplazar un aparato; estaba reimaginando su relación con la imagen, el espacio y la experiencia compartida.