En una isla en medio del Canal de Panamá, investigadores del Smithsoniano han descifrado uno de los diálogos más antiguos de la naturaleza: el mensaje químico con el que una abeja reina comunica a sus hijas si vale la pena quedarse y cooperar, o si es mejor partir y fundar una vida propia. El hallazgo, obtenido tras años de observación de la Megalopta genalis —una abeja que puede vivir sola o en sociedad—, revela que las feromonas de la reina funcionan como una garantía de fertilidad, un contrato evolutivo que hizo posible las primeras sociedades de insectos. Comprender ese contrato es compren