Cada otoño, el Mediterráneo y el cielo negocian en silencio el destino de las costas levantinas. Este año, el mar Balear ha alcanzado temperaturas sin precedentes desde 1940 —más de tres grados por encima de lo normal—, acumulando una energía que podría alimentar lluvias torrenciales de consecuencias devastadoras. Sin embargo, los expertos de la Aemet recuerdan que el mar cálido es solo la pólvora: sin la chispa de una configuración atmosférica precisa, esa energía se disipa en silencio antes de convertirse en catástrofe.