Me siento perdonado, aunque quizás yo no lo perdonaría
Doce años después del descarrilamiento del Alvia en la curva de Angrois —que segó ochenta vidas y dejó ciento cuarenta y cuatro heridos— el maquinista Paco Garzón ha roto su silencio para ofrecer un testimonio que desborda los límites de la culpa individual. Condenado a dos años y medio de prisión, Garzón no habla de miedo sino de conciencia tranquila y de un perdón que siente, aunque no puede medir. Su voz llega en un momento en que la justicia aún no ha terminado de hablar: ciento ocho recursos penden sobre la sentencia y el tribunal de Estrasburgo examina si la verdad completa sobre aquella tarde de julio merece una investigación independiente.
- Garzón cargó durante doce años con el peso del silencio y de ser el rostro visible de una tragedia que, según supervivientes y víctimas, tuvo más arquitectos que uno solo.
- La curva de Angrois carecía de señalización adecuada, un sistema de frenado automático fue desactivado y el maquinista atendía una llamada de trabajo obligatoria en el momento del impacto: tres factores que reconfiguran el relato de la responsabilidad.
- Algunos supervivientes apuntan a un posible pacto entre los grandes partidos para blindar la reputación de la Alta Velocidad española, dejando en la sombra decisiones políticas y técnicas que nunca fueron plenamente escrutadas.
- Ciento ocho recursos contra la sentencia avanzan por el sistema judicial mientras Estrasburgo estudia si debe abrirse una investigación independiente, manteniendo abierta la herida colectiva de la mayor catástrofe ferroviaria reciente de España.
Doce años después de que el Alvia se descarrilara en la curva de Angrois, a cuatro kilómetros de Santiago de Compostela, Paco Garzón habló por primera vez en el programa Salvados. El maquinista que conducía el tren aquel 24 de julio de 2013 —cuando ochenta personas murieron y ciento cuarenta y cuatro resultaron heridas— lo hizo semanas después de ser condenado a dos años y medio de prisión. Ante el periodista Gonzo, Garzón explicó que su mayor preocupación no es la cárcel, sino su madre. Tiene, dice, la conciencia tranquila.
Lo que emerge de su testimonio es una historia más compleja que la que circuló en los primeros momentos. La curva de Angrois no tenía señalización adecuada. Un sistema de frenado automático ya implementado en la línea fue desactivado. Y Garzón, en el momento del accidente, respondía a una llamada de trabajo que estaba obligado a atender. Algunos supervivientes señalan que él no fue el único responsable y que detrás de su figura se esconden decisiones políticas y profesionales que nunca fueron suficientemente escrutadas. Hay quienes sugieren incluso que hubo un acuerdo entre los grandes partidos para proteger la reputación de la Alta Velocidad española.
Garzón fue condenado junto a Andrés Cortabitarte, exjefe de seguridad de Adif. Ambos permanecen en libertad mientras se resuelven ciento ocho recursos contra la sentencia. El tribunal de Estrasburgo, al que acudieron las propias víctimas, estudia una petición de investigación independiente. Cuando Gonzo le pregunta por su estado emocional, el maquinista no habla de miedo sino de rabia, impotencia y desilusión. Pero lo más notable es lo que dice sobre el perdón: cree que muchas víctimas lo han perdonado, aunque reconoce que no puede generalizarlo. 'A lo mejor, yo no lo perdonaría, pero me siento perdonado', afirma.
Lo que queda sin resolver es si la justicia ha alcanzado realmente a todos los responsables. 'Lo llevé yo, pero lo pudo haber llevado otro. Me tocó a mí la china', lamenta Garzón. Mientras los recursos avanzan lentamente y Estrasburgo delibera, la pregunta que permanece es si la verdad completa sobre aquella tarde de julio de 2013 alguna vez saldrá del todo a la luz.
Doce años después de que el Alvia se descarrilara en la curva de Angrois, a cuatro kilómetros de Santiago de Compostela, Paco Garzón ha decidido hablar. El maquinista que conducía el tren aquel 24 de julio de 2013 —cuando ochenta personas murieron y ciento cuarenta y cuatro resultaron heridas en uno de los mayores desastres ferroviarios de la historia española— rompió su silencio en el programa Salvados, semanas después de ser condenado a dos años y medio de prisión. No es un hombre que parezca tener miedo. Ante el periodista Gonzo, Garzón explicó que su mayor preocupación no es la cárcel, sino su madre, ya mayor. Tiene, dice, la conciencia tranquila.
Lo que emerge de su testimonio es una historia más compleja que la que circuló en los primeros momentos tras la tragedia. Entonces, muchos quisieron que Garzón fuera el culpable, el rostro visible del desastre. Pero las víctimas que han hablado públicamente no lo ven así. Algunos supervivientes señalan que él no fue el único responsable, que detrás de su figura se esconden decisiones políticas y profesionales que nunca fueron suficientemente escrutadas. La curva de Angrois no tenía la señalización adecuada. Un sistema de frenado automático que ya estaba implementado en la línea fue desactivado. Y Garzón, en el momento del accidente, estaba respondiendo a una llamada de trabajo que estaba obligado a atender. Estos elementos, juntos, construyeron lo que algunos describen como una tormenta perfecta.
El maquinista fue condenado junto a Andrés Cortabitarte, exjefe de seguridad de Adif. Ambos permanecen en libertad mientras se resuelven ciento ocho recursos contra la sentencia. Pero hay más. Algunos supervivientes han llegado a sugerir que hubo un pacto entre los grandes partidos políticos para evitar que esta tragedia manchara la reputación de la Alta Velocidad española, para proteger los intereses económicos del país. El tribunal de Estrasburgo, al que acudieron las propias víctimas buscando claridad, estudia ahora una petición para una investigación independiente, doce años después del accidente.
Cuando Gonzo le pregunta a Garzón sobre su estado emocional, el maquinista no habla de miedo sino de rabia. Rabia, impotencia, desilusión. Dice que tiene la conciencia tranquila y que no siente odio. Pero lo más notable es lo que dice sobre el perdón. Cree que muchas víctimas y familiares lo han perdonado, aunque reconoce que no puede generalizar. "A lo mejor, yo no lo perdonaría, pero me siento perdonado", afirma. Una de las víctimas que viajaba en el tren sintió empatía por él durante el juicio, según reveló Gonzo, y llegó a describirlo como completamente compungido. Garzón insiste en que siempre ha intentado transmitir ser una persona normal.
Lo que queda sin resolver es si la justicia ha alcanzado realmente a todos los responsables. Garzón lamenta que le haya tocado a él llevar el peso de la tragedia, cuando otros podrían haberlo hecho. "Lo llevé yo, pero lo pudo haber llevado otro. Me tocó a mí la china", dice. Mientras ciento ocho recursos avanzan lentamente a través del sistema judicial, y Estrasburgo considera si debe haber una investigación independiente, la pregunta que permanece es si la verdad completa sobre aquella tarde de julio de 2013 alguna vez saldrá completamente a la luz.
Citas Notables
Tengo la conciencia tranquila y no siento odio, pero sí rabia, impotencia, desilusión— Paco Garzón, maquinista del Alvia
Lo llevé yo, pero lo pudo haber llevado otro. Me tocó a mí la china— Paco Garzón
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Cómo es posible que después de doce años, el maquinista siga en libertad sin haber cumplido su condena?
Porque hay ciento ocho recursos pendientes contra la sentencia. Mientras esos recursos se resuelven, tanto Garzón como Cortabitarte permanecen libres. Es un proceso que puede durar años más.
Las víctimas dicen que no fue el único responsable. ¿Qué significa eso realmente?
Significa que la curva no estaba bien señalizada, que un sistema de frenado automático fue desactivado, y que Garzón estaba obligado a responder una llamada de trabajo en ese momento. No fue un error de un hombre solo, fue una cadena de decisiones políticas y profesionales que fallaron.
¿Cree que hay algo que se está ocultando deliberadamente?
Algunos supervivientes sugieren que hubo un pacto entre los grandes partidos para proteger la reputación de la Alta Velocidad española. Por eso el tribunal de Estrasburgo está considerando una investigación independiente.
¿Cómo se siente Garzón después de todo esto?
Dice que tiene la conciencia tranquila, pero siente rabia, impotencia y desilusión. Lo más sorprendente es que cree que muchas víctimas lo han perdonado, aunque reconoce que él mismo quizás no lo haría.
¿Qué le preocupa más: la cárcel o algo else?
Su madre. Es lo único que lo asusta. La cárcel no le da miedo, pero la idea de dejar a su madre sola sí.