El independentismo catalán propone cambiar la hora de Cataluña al meridiano de Greenwich

¿Por qué los catalanes no cambiamos la hora?
Jordi Domingo plantea el cambio horario como un acto de afirmación política y soberanía simbólica.

Mientras España se prepara para el cambio de hora estacional de octubre, el independentismo catalán convierte la medición del tiempo en un campo de batalla simbólico. Jordi Domingo, presidente del consejo de la República de Cataluña, propone que los catalanes abandonen el meridiano de Europa Central y adopten el de Greenwich, alineándose con Reino Unido, Portugal y Canarias. Más que una reforma técnica viable, el gesto revela una voluntad persistente de construir soberanía en los márgenes de lo cotidiano, allí donde la política y el reloj se cruzan.

  • El independentismo catalán irrumpe en el debate del cambio de hora con una propuesta que mezcla lo técnico y lo político: que Cataluña adopte el meridiano de Greenwich en lugar del horario centroeuropeo que rige en España.
  • Jordi Domingo sugiere que si 200.000 personas cambiaran sus relojes de forma unilateral, se obligaría al mundo a distinguir entre la hora española y la hora catalana, convirtiendo un acto cotidiano en una declaración de identidad.
  • Las barreras legales son contundentes: los husos horarios están regulados a nivel estatal y europeo, y ninguna comunidad autónoma tiene competencia para modificarlos por su cuenta.
  • El BOE ya ha fijado el próximo cambio de hora para la madrugada del 25 al 26 de octubre, y el sistema permanecerá vigente hasta 2026, cuando España deberá decidir si mantiene o elimina el cambio semestral.
  • La iniciativa sigue el patrón de otros gestos independentistas: genera debate y visibilidad, pero todo apunta a que no llegará a materializarse en ninguna medida concreta.

A pocos días del cambio de hora de otoño, el independentismo catalán ha encontrado en el reloj un nuevo escenario para su reivindicación política. Jordi Domingo, presidente del consejo de la República de Cataluña, planteó en una entrevista con VilaWeb una pregunta aparentemente sencilla: ¿por qué los catalanes no adoptan el meridiano de Greenwich, el mismo que usan Reino Unido, Portugal y Canarias, en lugar del horario centroeuropeo que comparten con el resto de España? Su tono dejaba claro que la pregunta no era técnica, sino política.

Domingo fue más lejos al imaginar el impacto de una acción colectiva: si 200.000 personas cambiaran sus relojes de forma unilateral, argumentó, el mundo se vería obligado a distinguir entre la hora española y la hora catalana. Para él, ese sería un triunfo simbólico, el inicio de una manera propia de hacer las cosas. La lógica es la misma que ha guiado otros gestos del movimiento independentista: cada diferenciación, por pequeña que sea, suma hacia una identidad política separada.

Sin embargo, la propuesta choca con una realidad jurídica inamovible. Los husos horarios en España están regulados a nivel estatal y coordinados con la Unión Europea, fuera del alcance de cualquier comunidad autónoma. Mientras tanto, el BOE ya ha establecido que en la madrugada del 25 al 26 de octubre los relojes retrasarán una hora, y este sistema seguirá en vigor hasta octubre de 2026, cuando España deberá decidir si abandona definitivamente el cambio semestral.

Lo que la propuesta revela, más allá de su inviabilidad práctica, es la búsqueda constante del independentismo por ejercer soberanía simbólica en espacios inesperados. El tiempo, esa medida aparentemente neutral y universal, se convierte así en otro frente de una disputa política que no encuentra resolución en los grandes escenarios institucionales y migra, inevitablemente, hacia los más pequeños.

A mediados de octubre, cuando España se prepara para el cambio de hora estacional, el independentismo catalán ha lanzado una propuesta que suena más a provocación política que a reforma administrativa: cambiar el huso horario de Cataluña para alinearse con Reino Unido, Portugal y Canarias, abandonando el meridiano de Europa Central que rige en el resto del país.

La idea proviene de Jordi Domingo, presidente del consejo de la República de Cataluña, quien la planteó en una entrevista concedida al periódico catalán VilaWeb. Su pregunta fue directa: ¿por qué los catalanes no cambian la hora? ¿Por qué no se sitúan en el meridiano de Greenwich? ¿Por qué los autónomos, a quienes acusa de mandar en el país, no declaran que trabajarán según la hora catalana? El tono sugiere que para Domingo, el cambio horario no es principalmente una cuestión técnica, sino un acto de afirmación política.

En el contexto inmediato, la propuesta llega justo antes del cambio de hora de otoño. El Boletín Oficial del Estado establece que en la madrugada del 25 al 26 de octubre, a las 3:00 horas pasarán a ser las 2:00 horas, marcando el inicio del horario de invierno. Este cambio semestral ha sido regulado por la Orden PCM/186/2022 y permanecerá vigente hasta octubre de 2026, momento en el cual España deberá decidir si continúa con el sistema de cambio de hora dos veces al año o adopta un horario permanente.

Lo que Domingo propone es que Cataluña se separe del huso horario de Europa Central (UTC+01:00) en el que está España y se alinee con el meridiano de Greenwich (UTC+00:00), el mismo que utilizan Reino Unido, Portugal y las islas Canarias. Aunque técnicamente posible, tal cambio requeriría una autorización que va más allá de las competencias autonómicas, ya que los husos horarios en España están regulados a nivel estatal y europeo.

Domingo fue más allá en su razonamiento político. Sugirió que si 200.000 personas cambiaran el horario catalán, la iniciativa podría obligar a distinguir entre el horario español y el catalán, lo que él interpreta como una victoria simbólica: el comienzo de la imposición de una manera propia de hacer las cosas. La lógica subyacente es que cada acto de diferenciación institucional, por pequeño que sea, representa un paso hacia la consolidación de una identidad política separada.

La propuesta se inscribe en una larga tradición de gestos independentistas que buscan marcar diferencias con el Estado español. Sin embargo, como otros proyectos similares, todo indica que esta iniciativa no llegará a concretarse. Las limitaciones legales son claras: el cambio de huso horario requeriría una modificación de la legislación estatal y, probablemente, una coordinación con la Unión Europea. Además, la vida económica y administrativa de Cataluña está profundamente integrada con la del resto de España, lo que haría impracticable mantener dos horarios diferentes en una misma región.

Lo que sí revela la propuesta es cómo el independentismo catalán sigue buscando espacios para ejercer soberanía simbólica, incluso en terrenos tan técnicos y aparentemente apolíticos como la medición del tiempo. Mientras España debate si mantener o eliminar el cambio de hora semestral, Cataluña propone una salida alternativa que, aunque improbable, mantiene viva la conversación sobre la autonomía política.

¿Por qué los catalanes no cambiamos la hora? ¿Por qué no nos situamos en el meridiano de Greenwich?
— Jordi Domingo, presidente del consejo de la República de Cataluña
Si 200.000 personas cambian nuestro horario, actuamos y acabamos obligándoles a distinguir entre el horario español y el catalán, hemos ganado
— Jordi Domingo
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué un cambio de hora? Parece una propuesta extraña para un movimiento independentista.

Model

Porque el huso horario es una expresión de soberanía. Si Cataluña puede decidir su propia hora, aunque sea simbólicamente, está diciendo que tiene autoridad sobre algo tan fundamental como el tiempo mismo.

Inventor

Pero ¿realmente cree Domingo que esto es viable?

Model

Probablemente no. Lo que importa es el gesto. Cada acto de diferenciación institucional, por pequeño que sea, refuerza la narrativa de que Cataluña es una entidad política separada.

Inventor

¿Qué pasaría si Cataluña tuviera un horario diferente al del resto de España?

Model

Sería un caos administrativo. Los trenes, los bancos, las comunicaciones, todo está sincronizado. Pero eso no es el punto. El punto es que alguien está diciendo que Cataluña podría hacerlo si quisiera.

Inventor

¿Entonces es solo política?

Model

Es política disfrazada de propuesta técnica. Como muchas cosas en el independentismo catalán, la forma importa tanto como el fondo.

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