En un momento en que España combina longevidad récord con crecientes desafíos de dependencia, especialistas en salud y envejecimiento se reunieron en Madrid para recordar una verdad antigua: la risa, el movimiento y el propósito no son adornos de la vida, sino su arquitectura. El humor emerge no como entretenimiento, sino como herramienta fisiológica y emocional capaz de proteger el corazón, reducir la inflamación y sostener la dignidad en los años más vulnerables. El llamado de fondo es filosófico: dejar de ver la vejez como declive y comenzar a entenderla como transformación.