En el silencio cotidiano de la cocina doméstica, el horno eléctrico representa una paradoja moderna: un aparato de uso ocasional que, en el instante de encenderse, concentra una demanda energética equivalente a la de 65 heladeras simultáneas. Su impacto en la factura no proviene de la constancia, sino de la intensidad, recordándonos que el consumo responsable exige comprender no solo cuánto tiempo usamos las cosas, sino con qué fuerza las usamos.