Argentina se encuentra en un umbral poco común: tiene las condiciones técnicas para volver a los mercados internacionales de deuda, pero elige no hacerlo. El Gobierno de Milei, con el riesgo país en mínimos de casi una década, prefiere consolidar sus anclas macroeconómicas antes de asumir el costo de tasas que aún rondan el 8-9% anual. Es una apuesta a la paciencia en un país que históricamente ha pagado caro la impaciencia financiera, aunque el verdadero examen llegará en 2027, cuando vencimientos por más de 32.000 millones de dólares y un año electoral pondrán a prueba esa estrategia.