Fijar un salario mínimo por ley es conceptualmente un error
En Argentina, el primer año de gobierno de Javier Milei ha dejado a los trabajadores de menores ingresos en una situación más precaria que durante la crisis del 2001: el salario mínimo de 279.000 pesos no alcanza para cubrir la canasta básica, y su valor real ha caído más que en cualquier otro momento de las últimas tres décadas. El portavoz presidencial Manuel Adorni defiende que fijar un piso salarial por ley es un error conceptual que distorsiona el mercado, mientras los sindicatos denuncian que el Estado arbitra sistemáticamente a favor del capital. En el fondo, lo que se debate no es solo una cifra, sino qué tipo de dignidad mínima le debe garantizar una sociedad a quienes trabajan.
- El salario mínimo subió un 80% mientras la inflación superó el 120%, lo que significa que los trabajadores más vulnerables perdieron poder adquisitivo de forma dramática durante 2024.
- Una familia tipo de cuatro personas necesita un millón de pesos mensuales para cubrir lo básico, pero dos adultos ganando el mínimo legal no se acercan ni a la mitad de esa cifra.
- El gobierno defiende que el salario mínimo en dólares está en su nivel más alto en cinco años, pero esa mejora refleja la apreciación del peso, no salarios reales más altos.
- Los sindicatos acusan al gobierno de haber impuesto un aumento del 3% por decreto cuando los trabajadores reclamaban cerca del 70%, y denuncian una política estructuralmente favorable a los empresarios.
- El valor real del salario mínimo argentino ha caído por debajo del que existía durante el colapso del corralito en 2001-2002, marcando el peor retroceso de las últimas décadas.
En Argentina, trabajar un mes completo por el salario mínimo legal convierte a quien lo percibe en pobre, según las propias estadísticas oficiales. Los 279.000 pesos —unos 230 dólares— no alcanzan para cubrir la canasta básica de alimentos y servicios esenciales. Sin embargo, el gobierno de Javier Milei no ve en ese piso salarial una protección insuficiente, sino un obstáculo que debería desaparecer.
El portavoz presidencial Manuel Adorni fue explícito: fijar un salario mínimo por ley es conceptualmente un error, porque impide que el mercado laboral opere libremente. Si alguien está dispuesto a trabajar por menos, argumentó, la ley no debería excluirlo del empleo. El gobierno confía en que, cuando Argentina se estabilice del todo, esa institución deje de existir.
Los números del primer año cuentan otra historia. El salario mínimo aumentó un 80%, pero la inflación interanual rondó el 120%. Una familia de cuatro personas necesita un millón de pesos mensuales para cubrir lo básico; con dos adultos ganando el mínimo, no se llega ni cerca. La CGT acusó al gobierno de haber decretado un aumento del 3% cuando los trabajadores pedían cerca del 70%, y denunció que el Estado siempre arbitra a favor de los intereses empresarios.
Adorni intentó reencuadrar el debate midiendo el salario en dólares: según sus cifras, el mínimo pasó de 210 dólares en 2019 a 231 a finales de 2024, su valor más alto en cinco años. Pero esa mejora no refleja mayor poder adquisitivo: viene de la apreciación del peso, no de salarios reales más altos. Mientras tanto, los precios en Argentina se acercaron a los de España, donde el salario mínimo supera los 1.100 euros —más de cinco veces el argentino.
La perspectiva histórica es la más inquietante. Según el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina, el valor real del salario mínimo ha retrocedido hasta niveles inferiores a los de la mayor parte de los años noventa y a los de la crisis del corralito de 2001-2002. Los trabajadores argentinos de menores ingresos están hoy peor que durante uno de los colapsos económicos más graves de la historia moderna del país.
En Argentina, quien trabaja un mes completo por el salario mínimo legal termina siendo pobre según las propias estadísticas oficiales del país. Son 279.000 pesos, equivalentes a unos 230 dólares estadounidenses, una cifra que no alcanza para cubrir la canasta básica de alimentos y servicios esenciales. Aun así, el gobierno de Javier Milei ve en esa protección laboral un obstáculo que debe desaparecer.
Manuel Adorni, portavoz presidencial, fue directo en su crítica esta semana: fijar un salario mínimo por ley es conceptualmente un error porque impide que el mercado laboral funcione libremente. Si alguien está dispuesto a trabajar por menos dinero, argumentó, la ley no debería permitir que esa persona quede fuera del empleo. El gobierno confía en que cuando Argentina logre estabilizarse completamente, el salario mínimo deje de existir como institución.
Lo que ha ocurrido en el primer año de gestión Milei cuenta una historia diferente. El salario mínimo subió un 80 por ciento, pero la inflación interanual rondó el 120 por ciento. Eso significa que los trabajadores con los ingresos más bajos perdieron poder adquisitivo de manera dramática. Una familia tipo de cuatro personas necesita un millón de pesos mensuales para cubrir lo básico; si ambos padres ganan el mínimo legal, no llegan ni cerca a esa cifra. Los sindicatos, particularmente la Confederación General del Trabajo, acusaron al gobierno de haber aumentado el salario mínimo apenas un 3 por ciento por decreto, cuando los trabajadores pedían una mejora cercana al 70 por ciento. La central obrera denunció que el gobierno siempre arbitra a favor de los intereses empresarios y en contra de los trabajadores.
Adorni intentó defender la posición oficial apelando a una métrica diferente: medido en dólares, dijo, el salario mínimo está en su valor máximo de los últimos cinco años. Según los números que presentó, basados en la cotización de mercado y no en la oficial, el mínimo era de 210 dólares en 2019, cayó por debajo de 200 en los años siguientes y llegó a 231 dólares a finales de 2024. Pero esa mejora en dólares no refleja recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores. Viene de la apreciación del peso frente a la moneda estadounidense, no de salarios reales más altos. Los turistas que llegaron a Argentina en estas fiestas navideñas encontraron un país significativamente más caro en dólares que hace doce meses. Los alimentos básicos como leche, arroz y aceite cuestan aquí casi lo mismo que en España, donde el salario mínimo es de 1.134 euros, más de cinco veces superior al argentino.
La perspectiva histórica es aún más desalentadora. Según el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina, el retroceso del salario mínimo ha llegado a un punto en que su valor real es ya inferior al que existía durante la mayor parte de los años noventa y durante la crisis final del régimen de convertibilidad de 2001 y 2002, aquella época conocida como el corralito cuando el país entró en colapso económico. Eso significa que los trabajadores argentinos con menores ingresos están peor ahora que durante una de las peores crisis económicas de la historia moderna del país.
Citas Notables
Si hay personas dispuestas a trabajar por menos de ese salario, el esquema no te permite contratarlas— Manuel Adorni, portavoz presidencial
El Gobierno arbitra siempre a favor de los intereses empresarios y en contra de los trabajadores— Confederación General del Trabajo
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué un gobierno eliminaría la protección del salario mínimo si eso deja a los trabajadores más pobres aún más pobres?
Porque el gobierno de Milei cree que el mercado laboral funciona mejor sin regulaciones. Si alguien acepta trabajar por menos, según su lógica, eso es eficiente. No ven el salario mínimo como protección; lo ven como una distorsión.
Pero los números muestran que el salario mínimo perdió poder adquisitivo. ¿Cómo defiende eso el gobierno?
Adorni lo defiende en dólares, no en poder de compra real. Dice que el mínimo está en su máximo de cinco años cuando lo mides en moneda extranjera. Pero eso es porque el peso se fortaleció, no porque los trabajadores ganen más en términos reales.
¿Qué significa que el salario mínimo sea ahora peor que en 2001, durante el corralito?
Significa que Argentina ha retrocedido. Esa fue la peor crisis económica moderna del país. Si los trabajadores pobres están peor ahora que entonces, es un indicador de cuán profundo es el deterioro.
¿Qué dicen los sindicatos?
Que el gobierno favorece siempre a los empresarios. Pidieron un aumento del 70 por ciento y recibieron el 3 por ciento. Ven esto como una elección política deliberada, no como una necesidad económica.
¿Hay alguna señal de que esto cambie?
No. El gobierno es ideológicamente comprometido con la desregulación total. Adorni dijo explícitamente que espera que el salario mínimo desaparezca cuando Argentina sea "completamente normal". Eso es el objetivo declarado.