El 5 de agosto, un fragmento de cohete SpaceX impactó la Luna, convirtiendo un hito técnico en un espejo incómodo: la humanidad lleva décadas lanzando objetos al espacio sin un plan serio para retirarlos. Lo que orbita la Tierra hoy no es solo tecnología, sino el rastro acumulado de una ambición sin custodia, y expertos advierten que ese rastro podría convertirse en una jaula que nos impida alcanzar las estrellas que tanto anhelamos.