Cuando el estrógeno abandona el cuerpo femenino tras la menopausia, el hueso queda expuesto a una erosión silenciosa que la medicina lleva décadas intentando frenar. Un equipo internacional de investigadores ha descubierto que el entrenamiento de fuerza —en particular las sentadillas con énfasis excéntrico— despierta señales biológicas más intensas en el tejido óseo de mujeres posmenopáusicas que el ejercicio cardiovascular de alta intensidad, sugiriendo que el hueso, aunque privado de hormonas, no ha perdido su capacidad de escuchar. El hallazgo no es una cura, sino una puerta: la primera evi