El cerebro humano no está diseñado para retener etiquetas vacías: los nombres propios, despojados de significado sensorial o conceptual, se desvanecen casi en el instante en que se pronuncian. El llamado Efecto Panadero, documentado por la psicología académica desde los años noventa, revela que la memoria no falla por descuido o falta de interés, sino porque opera bajo una lógica profunda: solo conserva aquello que puede tejer en la red de experiencias y significados que ya posee. Recordar el nombre de alguien, en última instancia, es un acto relacional: ocurre cuando esa persona deja de ser u