Cuando dos de las mayores economías del mundo deciden actuar al unísono, los mercados escuchan. El lunes, el dólar estadounidense cedió cerca de un uno por ciento frente al yen japonés —cotizándose a 156,34 yenes— después de que Donald Trump y el ministro de Finanzas de Japón confirmaran una intervención coordinada en los mercados de divisas, poniendo freno a una apreciación que había llevado al dólar a máximos de cuatro décadas. La acción conjunta no fue un gesto retórico, sino una señal inequívoca de que la volatilidad extrema tiene límites cuando existe voluntad política compartida.