Cada verano, millones de personas se preguntan por qué los mosquitos parecen preferirlas sobre quienes las rodean. El doctor Aurelio Rojas ofrece una respuesta que disuelve el mito popular de la 'sangre dulce' y lo reemplaza con una explicación más rigurosa: no es la dulzura de la sangre lo que atrae a estos insectos, sino una combinación de señales biológicas —el dióxido de carbono que exhalamos, el calor que irradiamos y el perfil químico único de nuestra piel— que algunos cuerpos emiten con mayor intensidad que otros. En el fondo, ser un imán para los mosquitos no es una maldición ni una ca