En un gesto que rara vez se produce en tiempos de guerra, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó en silencio a Moscú a bordo de un avión militar, reuniéndose con funcionarios rusos por primera vez desde que su predecesor visitara la capital rusa meses antes de la invasión de Ucrania. Ni Washington ni el Kremlin han confirmado los detalles, pero la coordinación logística —incluida la petición a Ucrania de suspender ataques aéreos cerca de Moscú— revela que algo de peso se está negociando en las sombras. En la historia de las grandes potencias, estos encuentros discretos suelen preceder a