En la silenciosa frontera del espacio, la humanidad comienza a enfrentar las consecuencias de décadas de abandono orbital: más de un millón de fragmentos metálicos rodean la Tierra como testigos de una negligencia acumulada. El 3 de julio de 2026, la nave robótica LINK emprendió una misión para rescatar el observatorio Swift de la NASA, un aparato que nunca fue concebido para ser salvado, convirtiendo cada maniobra en un acto de precisión sin margen de error. Este esfuerzo no es solo una hazaña técnica, sino una pregunta filosófica sobre la responsabilidad que las civilizaciones tienen con los