El calor estival aumenta el riesgo cardiovascular incluso en personas sanas

Personas mayores, trabajadores expuestos al calor intenso y pacientes con enfermedades cardiovasculares previas enfrentan riesgo aumentado de eventos cardíacos graves durante épocas estivales.
El corazón trabaja más para mantener la temperatura, y eso tiene un coste cardíaco real
Un experto en cardiología explica por qué el calor estival somete el sistema cardiovascular a una sobrecarga incluso en personas sanas.

Cada verano, el corazón humano libra una batalla silenciosa contra el calor que pocos anticipan. Las altas temperaturas imponen una doble carga al sistema cardiovascular: obligan al organismo a perder líquidos que reducen el volumen sanguíneo y dilatan los vasos de la piel para disipar calor, exigiendo al corazón un esfuerzo sostenido y muchas veces invisible. Expertos advierten que este riesgo no surge de la nada, sino que amplifica vulnerabilidades preexistentes, y que la prevención, lejos de ser compleja, está al alcance de cualquiera dispuesto a escuchar a su propio cuerpo.

  • El calor extremo somete al corazón a una 'sobrecarga doble': debe mantener la circulación interna y al mismo tiempo bombear más sangre hacia la piel para enfriar el cuerpo.
  • La deshidratación silenciosa es la trampa más común del verano: cuando aparece la sed, el daño ya ha comenzado y el volumen sanguíneo ya ha caído.
  • Personas mayores, pacientes con hipertensión, diabetes o insuficiencia cardíaca, y trabajadores expuestos al sol enfrentan un riesgo desproporcionado de infartos, ictus y arritmias.
  • Los síncopes, las descompensaciones cardíacas y los golpes de calor con consecuencias fatales aumentan de forma medible durante las olas de calor más intensas.
  • La respuesta preventiva es sencilla y accesible: hidratación constante y anticipada, evitar el alcohol, y reservar el ejercicio intenso para las horas de menor temperatura.

Cuando llega el verano, el corazón enfrenta una presión que muchos subestiman. Ángel Peña, director de Desarrollo Estratégico de la Fundación EPIC, lo explica con claridad: el calor concentra una serie de condiciones que, juntas, ponen a prueba el sistema cardiovascular de formas que la mayoría no anticipa.

La mecánica es implacable. Al sudar para enfriarse, el cuerpo pierde líquidos y sales minerales; si esa pérdida no se repone, la sangre circula con menor volumen y el corazón debe esforzarse más para mantener la presión arterial. Al mismo tiempo, los vasos de la piel se dilatan para liberar calor, obligando al corazón a bombear aún más sangre hacia la superficie. Peña llama a esto la 'sobrecarga doble'.

El riesgo no es un factor aislado, sino la superposición de tres planos: las condiciones ambientales extremas, los cambios fisiológicos que el calor provoca en la tensión arterial, y la salud previa de cada persona. Quienes ya padecen hipertensión, arritmias, diabetes u obesidad parten de una posición de mayor vulnerabilidad. El calor no crea el riesgo; lo amplifica.

Algunos grupos son especialmente frágiles: las personas mayores, con menor capacidad de termorregulación; los pacientes cardiovasculares, con sistemas ya comprometidos; y los trabajadores y deportistas expuestos durante horas al calor intenso, un colectivo que con frecuencia se olvida en los mensajes de prevención.

Las consecuencias pueden ser graves: síncopes por bajadas de tensión, descompensaciones de insuficiencia cardíaca, arritmias, y en los períodos más extremos, un aumento notable de infartos e ictus. El golpe de calor severo puede tener repercusiones cardiovasculares directamente fatales.

Sin embargo, la prevención no exige medidas complejas. Peña insiste en que la hidratación debe ser constante y anticipada, sin esperar la sed. El alcohol debe evitarse por su efecto deshidratante y vasodilatador. El ejercicio intenso ha de reservarse para las primeras horas de la mañana o el atardecer. Ropa ligera y ambientes frescos completan un arsenal sencillo, práctico y al alcance de cualquiera dispuesto a prestar atención.

Cuando llega el verano, el cuerpo entra en una batalla silenciosa contra el calor. El corazón trabaja más de lo que muchos se dan cuenta, incluso en personas que gozan de buena salud. Ángel Peña, director de Desarrollo Estratégico de la Fundación EPIC, explica que las temperaturas altas concentran una serie de condiciones que, combinadas, ponen a prueba el sistema cardiovascular de formas que la mayoría no anticipamos.

La mecánica es simple pero implacable. Cuando sube la temperatura, el cuerpo suda para enfriarse, y al hacerlo pierde líquidos y sales minerales. Si esa pérdida no se repone adecuadamente, la sangre circula con un volumen menor, obligando al corazón a esforzarse más para mantener la presión arterial y garantizar que los órganos reciban suficiente oxígeno. Pero el problema no termina ahí. Al mismo tiempo, los vasos sanguíneos de la piel se dilatan para liberar calor hacia el exterior, lo que obliga al corazón a bombear aún más sangre hacia la superficie del cuerpo. Es lo que Peña llama la "sobrecarga doble": el corazón trabaja más para mantener la circulación interna y más aún para enfriar la piel.

El riesgo cardiovascular en verano no es un factor único, sino el resultado de tres planos que se superponen. Primero están los factores ambientales: temperaturas extremas, olas de calor, deshidratación. Segundo, los cambios fisiológicos que el calor provoca en la regulación de la tensión arterial. Tercero, y quizá el más determinante, la situación de salud previa de cada persona. Aquellos que ya padecen hipertensión, arritmias, enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, diabetes u obesidad se encuentran en una posición de mayor vulnerabilidad. El calor no crea el riesgo de la nada; amplifica los riesgos que ya existen.

Algunos grupos de población enfrentan amenazas particularmente agudas. Las personas mayores tienen menos capacidad para regular su temperatura corporal. Los pacientes con enfermedades cardiovasculares previas cargan con sistemas ya comprometidos. Las personas con movilidad reducida a menudo no pueden buscar por sí solas un ambiente más fresco. Y hay un grupo que frecuentemente se olvida: los trabajadores y deportistas que pasan horas expuestas al calor intenso, sin poder escapar de él. Para estos grupos, el verano no es una estación de descanso sino de riesgo constante.

Los problemas cardiovasculares que emergen durante el calor extremo son variados y potencialmente graves. Las bajadas de tensión pueden provocar síncopes, es decir, desvanecimientos. Las descompensaciones de insuficiencia cardíaca se vuelven más frecuentes. Las arritmias, esos latidos irregulares del corazón, aumentan. En los períodos de calor más extremo, se registra un aumento notable de infartos e ictus. El golpe de calor severo, cuando ocurre, puede tener repercusiones cardiovasculares directas y potencialmente fatales.

La prevención, sin embargo, no requiere medidas complicadas. Peña subraya que la hidratación debe ser constante y anticipada, sin esperar a sentir sed, porque cuando la sed aparece ya existe cierto grado de deshidratación. El alcohol, aunque parezca refrescante, deshidrata y tiene un efecto vasodilatador que puede agravar las bajadas de tensión, por lo que debe evitarse o limitarse. El ejercicio intenso debe reservarse para las primeras horas de la mañana o el atardecer, nunca durante las horas centrales del día cuando el calor es más agresivo. Buscar ambientes frescos y usar ropa ligera son medidas sencillas pero efectivas. La prevención cardiovascular en verano no es sofisticada; es práctica, accesible, y está al alcance de cualquiera que esté dispuesto a prestar atención a las señales que su cuerpo envía.

El verano concentra una serie de condiciones que, combinadas, pueden poner a prueba al sistema cardiovascular incluso en personas sanas
— Ángel Peña, director de Desarrollo Estratégico de la Fundación EPIC
Hidratarse bien, sin esperar a tener sed, porque cuando aparece la sed ya hay cierto grado de deshidratación
— Ángel Peña, director de Desarrollo Estratégico de la Fundación EPIC
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué el calor afecta específicamente al corazón y no a otros órganos con la misma intensidad?

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Porque el corazón es el que tiene que hacer el trabajo extra. Cuando sube la temperatura, el cuerpo necesita enfriar la piel, y eso significa bombear más sangre hacia la superficie. Al mismo tiempo, si pierdes líquidos, tienes menos volumen de sangre para trabajar. El corazón está atrapado entre dos demandas contradictorias.

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Entonces, ¿una persona joven y sana realmente está en riesgo, o es principalmente un problema de los mayores?

Model

Incluso las personas sanas están en riesgo. El calor somete el sistema cardiovascular a una prueba que normalmente no enfrenta. Si además tienes una enfermedad previa, el riesgo se multiplica. Pero nadie está completamente a salvo.

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¿Cuál es el error más común que comete la gente en verano respecto a la hidratación?

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Esperar a tener sed. Cuando sientes sed, ya estás deshidratado. Tienes que beber antes de que tu cuerpo te lo pida, de forma constante a lo largo del día.

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¿Y si alguien tiene que trabajar bajo el calor intenso? ¿Qué pueden hacer realmente?

Model

Buscar momentos de descanso en lugares frescos, hidratarse constantemente, usar ropa ligera. No es perfecto, pero reduce significativamente el riesgo. Lo importante es no ignorar las señales: mareos, palpitaciones, debilidad.

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¿El alcohol realmente empeora las cosas tanto como parece?

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Sí. Deshidrata y dilata los vasos sanguíneos, lo que puede provocar bajadas de tensión peligrosas. En verano, es mejor evitarlo o limitarlo mucho.

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¿Hay algo que sorprenda a los expertos sobre cómo el calor afecta el corazón?

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Que incluso en personas sin problemas previos, el corazón está trabajando mucho más de lo que la gente cree. No es algo que sientas, pero está sucediendo. Por eso la prevención es tan importante.

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