En un mundo acelerado hacia la inteligencia artificial, una corriente silenciosa de ingenieros, historiadores aficionados y curiosos ha decidido que el origen de la informática personal merece ser rescatado del olvido. Desde Seattle hasta Silicon Valley, y desde Norteamérica hasta Europa, miles de personas restauran, exhiben y celebran máquinas que alguna vez cambiaron la civilización. El coleccionismo de computadoras antiguas ha dejado de ser una excentricidad solitaria para convertirse en un movimiento cultural con festivales, mercados y una comunidad global que crece cada año. Es, en el fon