En los bosques profundos de la Patagonia chilena, donde el tiempo se mide en siglos y no en décadas, un hombre que se alejó del grupo durante una expedición televisiva se topó con un alerce de proporciones inimaginables. Lo que comenzó como un desvío casual en Hualaihué podría convertirse en uno de los hallazgos biológicos más significativos de la historia: un árbol que quizás lleva vivo más de cinco mil años, testigo silencioso de civilizaciones enteras. La ciencia, con sus muestras y sus anillos, tiene ahora la última palabra.