Cuatro años de silencio para abrir puertas que hoy permanecen cerradas
En la frontera entre Suiza y Francia, a cien metros bajo tierra, la máquina más poderosa que la humanidad ha construido para interrogar a la materia entrará en silencio este lunes. El Gran Acelerador de Hadrones del CERN inicia una pausa de cuatro años no por agotamiento, sino por ambición: sus ingenieros lo transformarán para multiplicar por diez sus colisiones y por seis sus datos, abriendo así un nuevo capítulo en la búsqueda de lo que aún no sabemos que existe. Es la paradoja propia de la gran ciencia: detener el instrumento para que, cuando vuelva a despertar, pueda ver más lejos.
- El LHC se apaga este lunes tras doce años de operación continua, dejando en suspenso la frontera más avanzada de la física experimental mundial.
- La parada no es un retroceso: es la apuesta más ambiciosa del CERN desde el descubrimiento del bosón de Higgs en 2012, que le valió el Nobel de Física en 2013.
- Durante cuatro años, técnicos instalarán imanes de nueva generación en menos de 2 de los 27 kilómetros del colisionador, una intervención quirúrgica en la máquina más compleja del planeta.
- El proyecto LHC de Alta Luminosidad, veinte años en desarrollo, promete multiplicar por diez las colisiones de protones y por seis el volumen de datos científicos obtenidos.
- Cuando el acelerador vuelva a encenderse, los físicos esperan encontrar respuestas —y preguntas— que hoy ni siquiera saben cómo formular.
Este lunes por la mañana, los técnicos del CERN apagarán el Gran Acelerador de Hadrones. Lo que sigue es un silencio de cuatro años: una parada meticulosa que transformará el instrumento científico más importante del mundo.
El LHC reposa en un túnel de 27 kilómetros enterrado a unos 100 metros bajo la frontera suizo-francesa. Desde su puesta en marcha en 2008, ha redefinido la física de partículas. Su logro más célebre fue el bosón de Higgs, descubierto en 2012, un hallazgo tan trascendental que llevó al CERN a recibir el Premio Nobel de Física al año siguiente. Pero mientras el acelerador funcionaba, los físicos ya diseñaban lo que vendría después.
Hace unos ocho años, el CERN comenzó a excavar dos galerías subterráneas conectadas al túnel principal. Desde allí, durante los próximos cuatro años, los técnicos instalarán nuevos imanes de generación avanzada en menos de 2 kilómetros del colisionador. El cambio aumentará por un factor de diez la cantidad de colisiones de protones y multiplicará por seis los datos obtenidos. Markus Zerlauth, jefe del proyecto, señala que esta optimización es el resultado de casi dos décadas de diseño y producción de componentes.
El proyecto se llama LHC de Alta Luminosidad. En el lenguaje de los aceleradores, mayor luminosidad significa más colisiones por unidad de tiempo, más oportunidades de observar fenómenos raros, más posibilidades de descubrir lo desconocido. El CERN apuesta a que esos cuatro años de silencio abrirán puertas que hoy permanecen cerradas: si hay nuevas partículas, si hay respuestas a preguntas que la ciencia aún no sabe cómo formular. El lunes, cuando apaguen el LHC, comienza la espera.
El lunes por la mañana, los técnicos del CERN apagarán el Gran Acelerador de Hadrones, la máquina más potente jamás construida para estudiar las partículas fundamentales de la materia. Lo que sigue es un silencio de cuatro años: una parada planificada, meticulosa, que transformará el instrumento científico más importante del mundo.
El LHC descansa en un túnel de 27 kilómetros de circunferencia, enterrado a unos 100 metros bajo tierra en la frontera entre Suiza y Francia. Desde 2008, cuando comenzó a funcionar, ha sido el motor de descubrimientos que han redefinido nuestra comprensión de la física. El más célebre fue el bosón de Higgs, hallado en 2012, un descubrimiento tan trascendental que llevó al CERN a recibir el Premio Nobel de Física en 2013. Pero esos doce años de operación no fueron solo un período de investigación: fueron también años de anticipación. Mientras el acelerador funcionaba, los físicos ya estaban diseñando lo que vendría después.
Hace aproximadamente ocho años, el CERN comenzó a excavar dos galerías subterráneas nuevas, situadas unos diez metros por encima del túnel principal y conectadas a él. Estas galerías, que en total miden cerca de medio kilómetro, ya están operativas. Desde allí, durante los próximos cuatro años, los técnicos instalarán el cableado y accederán a dos secciones específicas del colisionador que sufrirán una transformación radical. Aunque el LHC tiene 27 kilómetros de largo, solo menos de 2 kilómetros serán modificados de manera sustancial.
El cambio central es el reemplazo de un conjunto de imanes por imanes de nueva generación. Esta sustitución no es un ajuste menor: aumentará por un factor de diez la cantidad de colisiones de protones que el acelerador puede producir. Los datos que se obtengan se multiplicarán por seis. Markus Zerlauth, jefe del proyecto, ha explicado a la prensa que esta optimización es el resultado de casi dos décadas de trabajo de diseño y producción de componentes. Desde una perspectiva ordinaria, dos décadas parece un tiempo extraordinariamente largo. Desde la perspectiva de la física de partículas, es exactamente lo que requiere un proyecto de esta magnitud.
El proyecto se llama LHC de Alta Luminosidad, o LHC-HL. La luminosidad, en el lenguaje de los aceleradores, se refiere a la intensidad de las colisiones, a cuántos eventos ocurren por unidad de tiempo. Un acelerador más luminoso produce más datos, más oportunidades de observar fenómenos raros, más posibilidades de descubrir lo que aún no se conoce. El CERN está apostando que esos cuatro años de trabajo, esa parada que dejará silencioso el instrumento más importante de la física experimental contemporánea, abrirá puertas que hoy permanecen cerradas.
Lo que suceda después de esa parada determinará si la física de partículas puede seguir avanzando más allá del bosón de Higgs, si hay nuevas partículas esperando ser descubiertas, si hay respuestas a preguntas que los científicos aún no saben cómo formular. El lunes, cuando apaguen el LHC, comienza la espera.
Citas Notables
El proyecto de Alta Luminosidad lleva casi dos décadas en desarrollo, un tiempo que desde una perspectiva científica es el que requiere un proyecto de tal envergadura— Markus Zerlauth, jefe del proyecto
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué esperar cuatro años? ¿No podrían hacer estas mejoras mientras el acelerador sigue funcionando?
No. El LHC es un instrumento tan complejo que cualquier modificación importante requiere acceso físico directo a sus componentes. Además, los nuevos imanes necesitan ser integrados de manera muy precisa. Es como intentar cambiar el motor de un avión mientras vuela.
Mencionas que solo 2 kilómetros de los 27 serán modificados. ¿Por qué tan poco?
Porque el cuello de botella está en dos secciones específicas donde ocurren las colisiones más importantes. Mejorar esos puntos amplifica todo el sistema. No necesitas reconstruir todo para obtener un salto de diez veces en colisiones.
¿Qué significa que los datos se multipliquen por seis?
Más colisiones significan más eventos para analizar. Seis veces más datos quiere decir seis veces más oportunidades de ver algo raro, algo que no encaje en lo que ya sabemos. Eso es donde ocurren los descubrimientos.
Casi dos décadas de preparación. ¿Eso no es excesivo?
En la física de partículas, no. Estamos hablando de diseñar imanes de generación completamente nueva, probarlos, producirlos. Cada componente debe ser perfecto. Dos décadas es el tiempo real que toma hacer esto bien.
¿Qué esperan encontrar después de 2012 y el bosón de Higgs?
Eso es la pregunta. El Higgs fue el último eslabón de una cadena teórica. Ahora hay misterios sin resolver: la materia oscura, la asimetría entre materia y antimateria. Con más datos, quizá vean algo que les diga por dónde seguir.