Durante generaciones, el envejecimiento mental fue tratado como una condena silenciosa e irrevocable. Ahora, un estudio con casi cuatro mil participantes de entre diecinueve y noventa y cuatro años, seguidos durante tres años en la Universidad de Texas en Dallas, ofrece una verdad más generosa: el cerebro humano conserva su capacidad de crecer y mejorar a cualquier edad, y quienes más lo necesitan son quienes más rápido avanzan. La neuroplasticidad, lejos de ser un privilegio de la juventud, resulta ser una promesa que no caduca.