El caos republicano en la Cámara avergüenza al partido y paraliza el gobierno

La parálisis legislativa afecta potencialmente a millones de estadounidenses si se produce cierre de gobierno, además de comprometer apoyo a Israel y Ucrania.
Sin un presidente, la Cámara no puede hacer nada
El líder republicano del Senado explica por qué la parálisis de la Cámara paraliza todo el gobierno.

En la tercera semana sin presidente de la Cámara, el Partido Republicano de Estados Unidos atraviesa una implosión interna que va más allá de una simple disputa de liderazgo: es el reflejo de una transformación ideológica donde el consenso ha cedido ante el extremismo. Tras la caída de McCarthy, Scalise y Jordan, nueve nuevos candidatos compiten por un puesto que ninguno parece capaz de conquistar, mientras el país aguarda decisiones urgentes sobre Israel, Ucrania y el financiamiento del propio gobierno. Lo que paraliza a Washington no es solo la ausencia de un líder, sino la ausencia de voluntad colectiva para gobernar.

  • La Cámara lleva tres semanas sin presidente, convirtiendo a uno de los poderes del Estado más poderosos del mundo en un órgano legislativo completamente inoperante.
  • Nueve candidatos compiten por el puesto, pero ninguno ha logrado demostrar que puede reunir los 217 votos necesarios, repitiendo el mismo fracaso que derrotó a sus predecesores.
  • La parálisis bloquea respuestas urgentes: no hay debate posible sobre los 60 mil millones para Ucrania, no hay condena formal a los ataques de Hamas, y el cierre del gobierno se acerca a mediados de noviembre.
  • Figuras como Newt Gingrich y Kevin McCarthy advierten que la situación no puede prolongarse, pero el partido que creó este caos no ha mostrado señales claras de querer resolverlo.
  • Detrás de la crisis hay una fractura estructural: el ala ultraderechista exige recortes extremos que los moderados rechazan, y ningún candidato ha encontrado la fórmula para unir ambos mundos.

La Cámara de Representantes comenzó su tercera semana consecutiva sin presidente, con los republicanos atrapados en una crisis que ha dejado paralizada una rama entera del gobierno estadounidense. Tras las renuncias de Steve Scalise y Jim Jordan —sumadas a la destitución de Kevin McCarthy semanas antes— nueve nuevos candidatos se lanzaron a la carrera, aunque ninguno ha logrado demostrar que puede alcanzar los 217 votos necesarios para ganar.

La parálisis tiene consecuencias concretas e inmediatas. Sin un presidente en funciones, la Cámara no puede aprobar una resolución condenando los ataques de Hamas, no puede debatir los 60 mil millones de dólares solicitados por Biden para Ucrania, y no puede abordar los proyectos de financiamiento que vencen a mediados de noviembre. Si el partido no resuelve sus diferencias a tiempo, millones de estadounidenses enfrentarán un cierre de gobierno. El líder republicano del Senado, Mitch McConnell, fue directo: sin la Cámara, el Senado tampoco puede legislar.

El problema de fondo es el mismo que derrotó a McCarthy: cómo satisfacer simultáneamente a los republicanos ultraderechistas que exigen recortes extremos y a los miembros moderados que se niegan a apoyarlos. Entre los candidatos actuales figuran Kevin Hern, Tom Emmer, Mike Johnson, Byron Donalds y otros, todos enfrentando esa misma ecuación sin solución aparente.

Lo que subyace a esta crisis es una transformación más profunda del partido. El extremismo ya no es un obstáculo para el poder, sino una herramienta para conservarlo. Matt Gaetz, quien lideró la destitución de McCarthy, encarna esta nueva lógica. Para muchos legisladores republicanos, el caos no es un fracaso a remediar, sino un resultado bienvenido. Figuras como Newt Gingrich y el propio McCarthy han advertido que la situación no puede prolongarse, pero en tres semanas el partido ha demostrado que la estabilidad es lo último que está dispuesto —o es capaz— de ofrecer.

La Cámara de Representantes entró en su tercera semana sin presidente el lunes, con los republicanos atrapados en una crisis de liderazgo que ha dejado paralizada una rama entera del gobierno estadounidense. Nueve nuevos candidatos se lanzaron a la carrera por el puesto después de que Jim Jordan renunciara a su candidatura el viernes, siguiendo al líder de la mayoría Steve Scalise la semana anterior. Ambos hombres, junto con Kevin McCarthy, quien fue destituido hace casi tres semanas, representan tres de las figuras más poderosas del partido que han sido derrotadas por una conferencia republicana incapaz de encontrar consenso.

El Congreso ha presenciado crisis fiscales, cierres de gobierno e incluso una insurrección, pero lo que está ocurriendo ahora representa algo diferente: una implosión interna del Partido Republicano que avergüenza a sus propios líderes y amenaza con dañar sus esperanzas de ampliar su mayoría en 2024. Sin un presidente en funciones, la Cámara no puede hacer lo básico. No puede aprobar una resolución condenando los ataques de Hamas a Israel. No puede comenzar un debate crítico sobre los 60 mil millones de dólares que el presidente Biden solicitó para Ucrania. No puede abordar los proyectos de ley de financiamiento que vencen a mediados de noviembre, cuando el gobierno podría cerrarse. El vacío de liderazgo ha convertido a la Cámara en un órgano legislativo inoperante en un momento en que el Senado tampoco puede actuar sin ella.

La magnitud del problema es clara en los números. Se necesitan 217 votos para elegir presidente en una Cámara de 435 miembros. Ninguno de los candidatos actuales ha demostrado poder obtener esa mayoría. El representante de Ohio Mike Turner, presidente de la Comisión de Inteligencia, describió el desafío como un cubo de Rubik sin solución aparente. Mitch McConnell, líder republicano del Senado, fue directo: sin un presidente de la Cámara, la Cámara no puede hacer nada, y sin la Cámara, el Senado tampoco puede legislar.

Las consecuencias se extienden más allá de Washington. La parálisis legislativa significa que Estados Unidos no puede responder rápidamente a la solicitud de ayuda de Israel. Significa que la ayuda a Ucrania, que Biden solicitó hace una semana, no puede ni siquiera debatirse mientras Vladimir Putin apuesta a que la determinación estadounidense decaerá. Y significa que millones de estadounidenses enfrentan la amenaza de un cierre de gobierno en pocas semanas si el Partido Republicano no puede resolver sus diferencias internas lo suficientemente rápido como para negociar un acuerdo de financiamiento.

Los nueve candidatos que compiten esta semana incluyen a Kevin Hern de Oklahoma, Jack Bergman de Michigan, Austin Scott de Georgia, Byron Donalds de Florida, Mike Johnson de Louisiana, Pete Sessions de Texas, Dan Meuser de Pensilvania y Gary Palmer de Alabama. Tom Emmer, el líder de la mayoría en la Cámara, también está en la carrera. Todos ellos enfrentan el mismo problema fundamental que derrotó a McCarthy: cómo complacer tanto a los republicanos ultraderechistas que exigen recortes de gasto extremos como a los miembros más moderados de distritos competitivos que se niegan a apoyar tales medidas. McCarthy fue destituido precisamente porque no pudo resolver esta tensión.

Lo que subyace bajo esta crisis es una transformación más profunda del Partido Republicano. El extremismo y la demagogia ahora protegen contra desafíos primarios y satisfacen a las audiencias de medios conservadores. La influencia ya no se compra con años de servicio legislativo. Matt Gaetz, el congresista de Florida que encabezó el esfuerzo para destituir a McCarthy, entiende bien esta nueva ecuación. Donald Trump, quien ha sido sometido a juicio político dos veces, ha hecho afirmaciones falsas sobre las elecciones de 2020 y enfrenta cuatro juicios penales, sigue siendo el principal aspirante presidencial republicano para 2024. Para muchos legisladores republicanos, el caos y un gobierno debilitado son resultados bienvenidos, no fracasos a remediar.

Michael McCaul, presidente republicano de la Comisión de Relaciones Exteriores, llamó a la situación probablemente una de las cosas más vergonzosas que ha visto. McCarthy, ahora apoyando a Tom Emmer, advirtió que la situación no puede prolongarse mucho más. Newt Gingrich, el expresidente republicano de la Cámara cuyo estilo de gobierno partidista ayudó a crear el ambiente actual, dijo que los líderes del partido deben elegir a cualquiera que pueda obtener 217 votos, o la farsa podría durar semanas. Advirtió que esos 217 votos deben comprometerse no solo a elegir un presidente, sino a permanecer unidos durante los próximos cinco o seis meses mientras se abordan decisiones presupuestarias críticas. Sin embargo, en las últimas tres semanas, el Partido Republicano de la Cámara ha demostrado que la estabilidad es lo último que el partido es capaz de ofrecer, o incluso desea ofrecer.

Conseguir 217 votos es obviamente muy difícil, es como un cubo de Rubik
— Mike Turner, representante de Ohio y presidente de la Comisión de Inteligencia
Esto es vergonzoso para el Partido Republicano, es vergonzoso para la nación, y tenemos que resolver el problema
— Kevin McCarthy, expresidente de la Cámara
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué tres semanas sin presidente es tan diferente de otros conflictos legislativos normales?

Model

Porque la Cámara literalmente no puede funcionar. No es un retraso táctico. Sin presidente, no hay votaciones sobre nada. El Senado tampoco puede actuar. Es como si una rama entera del gobierno se hubiera apagado.

Inventor

Pero ¿no hay formas de trabajar alrededor de esto? ¿Acuerdos temporales?

Model

No. La estructura constitucional es clara. Y mientras tanto, hay decisiones que no pueden esperar. Israel necesita apoyo ahora. Ucrania necesita financiamiento ahora. El gobierno se cierra en noviembre a menos que se apruebe financiamiento. Cada día que pasa es un día perdido.

Inventor

¿Qué hace que estos nueve candidatos sean diferentes de McCarthy o Jordan?

Model

Probablemente nada. Todos enfrentan el mismo problema: cómo satisfacer a los radicales que quieren destruir el gobierno y a los moderados que quieren que funcione. McCarthy no pudo hacerlo. Jordan no pudo hacerlo. No hay razón para creer que alguien más pueda.

Inventor

Entonces, ¿cuál es el incentivo para que alguien acepte este trabajo?

Model

Ese es el verdadero misterio. Es un puesto que ahora parece imposible de desempeñar. Pero algunos republicanos todavía lo quieren, lo que dice algo sobre lo que el partido se ha convertido.

Inventor

¿Qué pasa si simplemente eligen a alguien el martes y se mueven adelante?

Model

Incluso si lo hacen, el nuevo presidente hereda un partido fracturado que ha pasado tres semanas cultivando nuevos agravios. La tarea de convertir la Cámara en un órgano legislativo funcional parece casi imposible ahora.

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