Durante millones de años, el tigre ha caminado entre la vegetación con un pelaje que a los ojos humanos parece una advertencia encendida, y sin embargo sobrevive como depredador formidable. Investigadores de la Universidad de Bristol revelan que el camuflaje no es una propiedad del animal sino una relación entre el entorno, el color y el sistema visual del observador: los ciervos y jabalíes, con visión dicromática, apenas distinguen el naranja del verde, convirtiendo al tigre en una sombra donde nosotros vemos una llama. La evolución, nos recuerda este hallazgo, no escribe sus soluciones para