En los bosques de Europa occidental, el fuego y la sequía de este verano no solo consumen árboles: despiertan el armamento enterrado de dos guerras mundiales, recordándonos que la violencia del pasado nunca desaparece del todo, sino que aguarda bajo la superficie. El cambio climático, al alterar los patrones que durante décadas mantuvieron en reposo estas municiones oxidadas, se convierte en un arqueólogo involuntario de la destrucción humana. Lo que el continente creía haber dejado atrás regresa ahora como una advertencia doble: sobre los costos duraderos de la guerra y sobre los riesgos impr
El cambio climático desentierra bombas de guerras mundiales en incendios europeos
Seis civiles fueron asesinados en los primeros cuatro años después de 1945 por municiones sin explotar en Bélgica; equipos de emergencia y bomberos enfrentan riesgo actual de explosiones.