El calor es también emocional, psicológico, mental
Cada verano, Europa soporta olas de calor que ya no sorprenden a nadie, pero cuyas consecuencias siguen siendo subestimadas. Más allá de las muertes y hospitalizaciones documentadas, psicólogos sanitarios como Mercedes Bermejo advierten que el calor extremo erosiona también el equilibrio emocional y mental de quienes lo padecen, especialmente entre los más vulnerables. La pregunta que queda suspendida en el aire es si los sistemas de salud pública están dispuestos a mirar el cuadro completo.
- Las olas de calor europeas ya no son excepciones: se repiten cada verano con víctimas mortales y hospitalizaciones que afectan sobre todo a personas mayores y poblaciones frágiles.
- La psicóloga sanitaria Mercedes Bermejo alerta de que el calor extremo provoca estrés sostenido, fragmentación del sueño, irritabilidad y pérdida de concentración, efectos que los titulares de crisis rara vez mencionan.
- El aislamiento forzado por el calor agrava la soledad de los mayores, mientras que la ansiedad por la supervivencia golpea con especial dureza a quienes viven en situación de pobreza.
- Los expertos exigen que las intervenciones de salud pública ante el calor incluyan de forma integral el cuidado de la salud mental, no solo la atención médica física.
- La pregunta urgente es si los sistemas sanitarios europeos están realmente preparados para responder a esta realidad multidimensional antes de que llegue el próximo verano.
Cada verano, las olas de calor recorren Europa con una regularidad que ha dejado de sorprender. Los datos son contundentes: hay muertes, hay hospitalizaciones, hay personas mayores y poblaciones vulnerables que no pueden regular su temperatura corporal ante el embate del calor. Sin embargo, los expertos en salud advierten que solo estamos viendo la mitad del problema.
Mercedes Bermejo, psicóloga sanitaria y miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, señala una dimensión que los titulares de crisis suelen ignorar: el calor extremo no es únicamente una amenaza física. Cuando las temperaturas se mantienen elevadas durante días o semanas, el cuerpo humano entra en un estado de estrés sostenido que fragmenta el sueño, eleva la irritabilidad y reduce la capacidad de concentración. Para quienes ya viven con fragilidad física, económica o en aislamiento, estos efectos psicológicos se amplifican de forma significativa.
La advertencia es directa: las intervenciones de salud pública deben incorporar el cuidado de la salud mental de manera integral. Eso implica considerar cómo el aislamiento forzado por el calor profundiza la soledad de una persona mayor, o cómo la ansiedad por la supervivencia daña el bienestar emocional de quienes viven en la pobreza. El calor extremo no solo mata de forma directa; también daña de maneras más silenciosas y menos visibles.
A medida que las olas de calor se vuelven más frecuentes e intensas, la pregunta que emerge es si los sistemas de salud pública están preparados para responder a esta realidad multidimensional. Los expertos ya han hablado. Ahora falta saber si serán escuchados.
Cada verano, Europa se enfrenta a un fenómeno que ha dejado de ser excepcional para convertirse en rutina: las olas de calor que recorren el continente año tras año. Los números son claros y alarmantes. Hay muertes. Hay hospitalizaciones. Hay personas mayores y poblaciones vulnerables que sufren el embate de temperaturas que sus cuerpos no pueden regular. Pero los expertos en salud advierten que estamos mirando solo la mitad del cuadro.
Mercedes Bermejo, psicóloga sanitaria y miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid, ha puesto el foco en una dimensión del problema que frecuentemente pasa desapercibida en los titulares de crisis. El calor extremo no es solo una amenaza física. No es solo deshidratación, golpes de calor, insuficiencia renal. El calor es también emocional. Es psicológico. Es mental.
Lo que Bermejo señala es que las consecuencias del calor extremo trascienden lo que podemos medir con un termómetro o documentar en una sala de urgencias. Cuando las temperaturas se disparan y se mantienen elevadas durante días, semanas, el cuerpo humano entra en un estado de estrés sostenido. El sueño se fragmenta. La irritabilidad aumenta. La capacidad de concentración disminuye. Para las personas mayores, para quienes ya viven con fragilidad física o económica, para quienes están aislados, estos efectos psicológicos se amplifican.
La advertencia de los expertos es clara: no podemos seguir tratando las olas de calor como si fueran únicamente un problema de medicina física. Las intervenciones de salud pública que se diseñen para proteger a las poblaciones vulnerables durante estos episodios deben incluir, de manera integral, el cuidado de la salud mental. Esto significa pensar en cómo el aislamiento forzado por el calor afecta la soledad de una persona mayor. Significa considerar cómo la ansiedad por la supervivencia impacta el bienestar emocional de quienes viven en la pobreza. Significa reconocer que el calor extremo no solo mata directamente; también daña de formas más silenciosas y menos visibles.
A medida que Europa continúa enfrentándose a olas de calor cada vez más frecuentes e intensas, la pregunta que emerge es si los sistemas de salud pública están preparados para responder a esta realidad multidimensional. Los expertos ya han hablado. Ahora falta ver si sus advertencias serán escuchadas.
Citações Notáveis
El calor no solamente es físico, sino que es algo que afecta en lo emocional— Mercedes Bermejo, psicóloga sanitaria
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué crees que la salud mental ha sido ignorada en las conversaciones sobre olas de calor hasta ahora?
Porque es más fácil contar muertes que medir sufrimiento emocional. Un golpe de calor es visible. La depresión que viene después, el aislamiento, la ansiedad, eso no aparece en los reportes de urgencias de la misma manera.
¿Quiénes son los más afectados psicológicamente?
Las personas mayores que viven solas, principalmente. Cuando hace mucho calor, se quedan en casa. No salen. No ven a nadie. El calor se convierte en una prisión emocional además de física.
¿Qué tipo de intervenciones podrían ayudar?
Contacto regular, espacios públicos climatizados donde la gente pueda estar sin estar sola, profesionales de salud mental disponibles. No es complicado, pero requiere que veamos el problema completo.
¿Esto es nuevo o siempre ha sido así?
Siempre ha existido, pero ahora es urgente. Las olas de calor son más frecuentes, más intensas. Lo que antes era ocasional ahora es estructural. Tenemos que cambiar cómo respondemos.
¿Qué pasará si no lo hacemos?
Seguiremos contando muertes físicas mientras ignoramos el daño emocional que se acumula. Y ese daño también mata, solo que más lentamente.