Cuando el termómetro supera los 27 grados, la corteza prefrontal humana —esa región que nos permite contenernos, reflexionar y elegir— comienza a ceder. Investigaciones de Harvard y patrones estadísticos de violencia doméstica en España y Estados Unidos convergen en una verdad incómoda: el calor extremo no solo incomoda, sino que deteriora el control inhibitorio y correlaciona con picos de agresión en el hogar. Lo que parecía un problema de convivencia estival revela ser, en parte, un problema neurobiológico con soluciones concretas que la política pública aún se niega a contemplar.
El calor debilita el control inhibitorio: por qué la corteza prefrontal falla con temperaturas altas
La violencia de pareja aumenta significativamente durante los meses de calor extremo, afectando desproporcionadamente a poblaciones sin acceso a aire acondicionado.