Una ventana de oro en la que todo el mundo sale bien parado
En el corazón del actual optimismo bursátil late una asimetría contable silenciosa: mientras los proveedores de tecnología como Nvidia registran ingresos de inmediato, sus clientes —los grandes hiperescaladores— distribuyen esos mismos costos a lo largo de años como amortización, creando una ilusión de prosperidad que los mercados celebran sin comprender del todo. Con 412.000 millones invertidos en infraestructura de IA solo en 2025 y una ola de depreciación aún por llegar, la pregunta no es si los beneficios actuales son reales, sino cuánto tiempo pueden sostenerse antes de que la contabilidad exija su parte.
- Los cinco mayores hiperescaladores gastarán cerca de 760.000 millones en infraestructura de IA en 2026, pero solo reconocerán 211.000 millones como gasto en sus cuentas de resultados, ocultando la verdadera presión sobre sus finanzas.
- Los analistas divergen un 24% en sus estimaciones de amortización futura para empresas como Meta, revelando que nadie tiene claridad sobre cuándo y cuánto pesará ese gasto diferido.
- El flujo de caja libre combinado de los cinco grandes podría desplomarse un 91% en 2026, con Amazon y Oracle rozando territorio negativo, mientras sus beneficios contables siguen subiendo.
- Las empresas tienen discreción para elegir plazos de depreciación y financian parte de sus inversiones fuera de balance, lo que deja a inversores y analistas trabajando con información estructuralmente incompleta.
- Los mercados apuestan a una recuperación en forma de V del flujo de caja, pero esa apuesta descansa en que los ingresos por IA justifiquen costos de capital sin precedente histórico comparable.
Los mercados viven un momento de euforia: los beneficios empresariales crecen, los índices suben y los analistas revisan sus proyecciones al alza. Pero bajo esa superficie hay un mecanismo contable que distorsiona la realidad de las grandes tecnológicas.
El desfase es sencillo pero poderoso. Cuando Nvidia vende un chip a Meta o Microsoft, registra el ingreso de inmediato. El comprador, en cambio, trata ese chip como un activo fijo y distribuye su costo durante años como depreciación. El dinero sale hoy, pero el gasto contable aparece después. Todd Castagno, de Morgan Stanley, llama a este momento una 'ventana de oro': proveedores y compradores muestran ingresos crecientes porque ninguno carga aún el peso completo de la inversión.
La escala del fenómeno es inédita. Solo cinco empresas —Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle— invirtieron 412.000 millones en infraestructura de IA en 2025, y se espera que lleguen a 760.000 millones en 2026, frente a apenas 211.000 millones que reconocerán como amortización ese año. La brecha entre gasto real y gasto contable es enorme, y los analistas no se ponen de acuerdo sobre sus consecuencias: mientras la desviación en estimaciones de ingresos de Meta para 2028 es del 4%, la de su amortización futura salta al 24%. David Zion, de Zion Research Group, advierte que el consenso podría estar subestimando sistemáticamente ese gasto.
La presión ya es visible en el flujo de caja libre, que podría caer un 91% en 2026 mientras los beneficios netos suben un 25%. Amazon y Oracle podrían entrar en terreno negativo. Los mercados confían en una recuperación rápida, pero esa apuesta supone que los ingresos por IA terminarán justificando una inversión de capital sin parangón histórico. Con el S&P 500 cotizando a 22 veces beneficios, parte de esos beneficios descansa sobre gastos que aún no han aparecido en ninguna cuenta de resultados.
Los mercados bursátiles están celebrando un momento de euforia. Las ganancias empresariales crecen a ritmos que no se veían hace años, los índices suben, los analistas revisan sus proyecciones al alza. Pero debajo de esta superficie brillante hay un mecanismo contable que está distorsionando la realidad de lo que está sucediendo en las empresas tecnológicas más grandes del mundo.
El fenómeno es simple de explicar pero profundo en sus consecuencias. Cuando Nvidia vende un chip de inteligencia artificial a Meta o Microsoft, la empresa de semiconductores registra inmediatamente ese ingreso y la ganancia en sus libros. Pero el cliente que compra ese chip no lo trata igual. Lo contabiliza como un activo fijo, como si fuera un edificio o una máquina de fábrica. Eso significa que puede distribuir el costo inicial a lo largo de muchos años, reconociéndolo gradualmente como depreciación en su cuenta de resultados. El dinero sale del bolsillo ahora, pero el gasto contable se dispersa en el futuro. Es un desfase temporal, pero uno que está creando una ilusión óptica en los mercados financieros.
La magnitud de lo que está sucediendo es sin precedentes. Solo cinco empresas —Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle— gastaron 412.000 millones de dólares en infraestructura de inteligencia artificial durante 2025. Para 2026, se espera que inviertan alrededor de 760.000 millones en nuevo equipo y centros de datos, mientras que los gastos de depreciación y amortización que reconocerán en sus cuentas de resultados serán de apenas 211.000 millones. La brecha es enorme. Todd Castagno, analista contable de Morgan Stanley, describe el momento actual como una "ventana de oro en la que todo el mundo sale bien parado". Los proveedores de hardware ven crecer sus ingresos y márgenes. Los compradores ven crecer sus ingresos también, porque aún no están cargando el peso completo de esos gastos de capital en sus resultados. Es un acuerdo temporal que beneficia a ambos lados.
Pero los analistas están comenzando a notar grietas en este consenso. Las estimaciones sobre cuánto será la depreciación futura varían enormemente. Para Meta, la desviación estándar de las previsiones de ingresos para 2028 es apenas del 4 por ciento respecto a la media, lo que sugiere que los analistas están bastante seguros de dónde irán los ingresos. Pero la desviación estándar de sus estimaciones de depreciación y amortización para el mismo año salta al 24 por ciento. Eso es un punto ciego importante. Los analistas simplemente no saben cuánto será el gasto real cuando toda esa infraestructura comience a depreciarse en las cuentas de resultados. David Zion, fundador de Zion Research Group, advierte que las estimaciones consensuadas sobre depreciación podrían estar sistemáticamente subestimadas.
El problema es que estas empresas han pasado recientemente de modelos de negocio con pocos activos a otros intensivos en capital. No tienen un historial largo de cómo se comportan estos gastos. Además, tienen discreción para elegir cuántos años depreciar un activo, lo que afecta directamente sus ganancias anuales. Muchas de estas inversiones se financian fuera de balance, lo que añade complejidad. Y las empresas no revelan cuánta depreciación se asigna a cada línea de su cuenta de resultados, lo que deja a los analistas trabajando con información incompleta.
La presión sobre el flujo de caja libre ya es visible. Para 2026, se espera que el flujo de caja libre combinado de los cinco grandes hiperescaladores caiga un 91 por ciento, hasta apenas 16.000 millones de dólares, mientras que los ingresos netos suben un 25 por ciento, hasta 506.000 millones. Amazon y Oracle podrían tener flujo de caja libre negativo. Solo Meta espera tenerlo ligeramente positivo. Es un contraste brutal: más dinero entra por la puerta, pero menos sale después de pagar todas las inversiones.
Los mercados están apostando a que esto se resolverá bien. Las proyecciones actuales sugieren que el gasto en capital se ralentizará a partir del próximo año mientras los ingresos siguen creciendo, lo que permitiría que el flujo de caja libre se recupere en forma de V. Se espera que los beneficios de estos cinco gigantes crezcan a una tasa anual compuesta de alrededor del 20 por ciento hasta 2029. Pero como señala el análisis, nadie realmente sabe cómo se desarrollará todo esto. El múltiplo precio-beneficio del S&P 500 ya está en 22 veces los beneficios, por encima de los promedios históricos, y gran parte de esos beneficios actuales provienen de gastos que no aparecerán en las cuentas de resultados hasta dentro de varios años. Para los inversores, el riesgo es claro: si estas empresas nunca encuentran los ingresos que justifiquen estos costos masivos de capital, la corrección podría ser severa.
Citas Notables
Una ventana de oro en la que todo el mundo sale bien parado— Todd Castagno, analista contable de Morgan Stanley
Las estimaciones consensuadas de amortización y depreciación podrían estar sistemáticamente subestimadas— David Zion, fundador de Zion Research Group
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué los mercados no ven este problema si es tan evidente?
Porque en este momento, todo el mundo está ganando dinero. Nvidia vende chips y registra ganancias. Meta y Microsoft ven crecer sus ingresos. Los analistas proyectan crecimiento. Nadie quiere ser el primero en decir que el emperador está desnudo.
Pero el flujo de caja libre está cayendo un 91 por ciento. ¿Eso no es una alarma?
Lo es, pero se cuenta una historia tranquilizadora: es temporal. El gasto en capital se ralentizará, dicen, y entonces el flujo de caja libre rebotará. Es una curva en V. Pero nadie sabe realmente si eso sucederá.
¿Cuál es el verdadero riesgo aquí?
Que estas empresas están apostando cientos de miles de millones de dólares a que la inteligencia artificial generará ingresos lo suficientemente grandes para justificar esa inversión. Si no lo hace, los márgenes se contraerán dramáticamente cuando toda esa depreciación golpee las cuentas de resultados.
¿Y si simplemente extienden la vida útil de los activos para reducir la depreciación anual?
Pueden hacerlo, pero solo hasta cierto punto. Y si lo hacen, los inversores sofisticados lo verán como un truco contable. El problema fundamental no desaparece, solo se retrasa.
¿Quién está más en riesgo, los inversores activos o los pasivos?
Los pasivos, probablemente. Los inversores activos pueden salir cuando vean señales de alerta. Los pasivos en fondos indexados están atrapados en la apuesta colectiva de que todo funcionará.