El año de Musk: USD 486.000 millones, victoria electoral y primer choque con MAGA

¿Quieres que Estados Unidos gane o que pierda?
Musk defendió públicamente las visas H1-B para talento calificado contra la oposición de la base MAGA.

En 2024, Elon Musk cruzó una frontera que pocos magnates han atravesado: la que separa la riqueza del poder político directo. Sus empresas alcanzaron valuaciones que desafían la imaginación, su patrimonio personal rozó los 486.000 millones de dólares y su influencia en la nueva administración Trump quedó institucionalizada. Sin embargo, el año cerró con una advertencia silenciosa: quienes te elevan al poder no siempre comparten tus convicciones, y la alianza más poderosa puede fracturarse en el detalle más inesperado.

  • El patrimonio de Musk se disparó de 170.000 millones a 486.000 millones de dólares en menos de un año, convirtiendo su recuperación financiera en uno de los fenómenos bursátiles más extraordinarios de la historia reciente.
  • Con más de 100 millones de dólares donados a la campaña de Trump y un rol formal en el nuevo Departamento de Eficiencia Gubernamental, Musk dejó de ser un observador del poder para convertirse en uno de sus arquitectos.
  • La designación de Sriram Krishnan como asesor presidencial en inteligencia artificial encendió la mecha: su apoyo a las visas H1-B desató una reacción furiosa de la base ultraconservadora que veía en ello una traición al lema 'America First'.
  • Musk salió a defender públicamente la inmigración calificada, colocándose por primera vez en el lado opuesto de sus aliados más radicales y revelando que sus intereses empresariales y los del ala MAGA no son siempre coincidentes.
  • La alianza entre Musk y el trumpismo más duro entra en 2025 con su primera grieta visible, planteando la pregunta de hasta dónde puede llegar una coalición construida sobre conveniencias más que sobre convicciones compartidas.

El 2024 fue el año en que Elon Musk dejó de ser simplemente el hombre más rico del mundo para convertirse en un actor político de primer orden. Sus empresas vivieron una expansión vertiginosa: Tesla casi duplicó su valuación hasta rozar 1,39 billones de dólares, SpaceX pasó de 180.000 a 350.000 millones, y xAI saltó de 24.000 a 50.000 millones en apenas meses. Su patrimonio personal, que había caído a 170.000 millones en primavera, rebotó hasta los 486.000 millones en diciembre. La única nota discordante fue X, la red social cuyo valor actual parece haber quedado por debajo del precio que pagó por ella.

Pero Musk no se conformó con acumular riqueza. Donó más de 100 millones de dólares a la campaña de Donald Trump, participó activamente en eventos electorales y utilizó su plataforma para impulsar la candidatura republicana. Tras la victoria, fue designado para co-liderar el Departamento de Eficiencia Gubernamental, un giro dramático para alguien que en el pasado se había identificado como votante demócrata y de centro.

La alianza, sin embargo, mostró sus primeras grietas antes de que terminara el año. Cuando Sriram Krishnan, nuevo asesor presidencial en inteligencia artificial, expresó su apoyo a ampliar las visas H1-B para trabajadores extranjeros calificados, la base ultraconservadora reaccionó con furia. Activistas como Laura Loomer denunciaron la postura como contraria al espíritu 'America First'. Musk, inmigrante él mismo nacido en Sudáfrica y dependiente de ese talento en sus propias empresas, salió a defender públicamente la inmigración calificada, argumentando que obligar al mejor talento del mundo a trabajar para otros países equivale a elegir que Estados Unidos pierda.

Ese primer choque entre Musk y el ala más radical del trumpismo reveló algo que el año de triunfos había mantenido oculto: que la influencia política tiene sus propios costos, y que los aliados más poderosos no siempre son los más cómodos.

El 2024 fue el año en que Elon Musk transformó su ya considerable influencia en poder político directo, mientras su imperio empresarial alcanzaba valuaciones que parecían sacadas de la ciencia ficción. Pero también fue el año en que descubrió que el apoyo político tiene límites, y que sus aliados más radicales no siempre comparten sus prioridades.

La historia comienza en los mercados. Las acciones de Tesla cerraron 2023 valuadas en 790.000 millones de dólares. Para diciembre de 2024, esa cifra se había disparado a casi 1,39 billones, un salto de casi 600.000 millones de dólares. SpaceX, su empresa de cohetes y satélites, prácticamente duplicó su valor durante el mismo período, pasando de 180.000 millones a 350.000 millones. Incluso xAI, la compañía de inteligencia artificial que fundó apenas hace poco más de un año, saltó de 24.000 millones en mayo a 50.000 millones en noviembre. Neuralink, su empresa de implantes cerebrales, pasó de una valuación de 2.000 millones hace tres años a 8.000 millones. El patrimonio personal de Musk, que había caído de manera alarmante a 170.000 millones durante la primavera, rebotó espectacularmente hasta alcanzar 486.000 millones de dólares el 17 de diciembre. La única excepción notable fue X, la red social que compró en 2022 por un precio que ahora parece haber superado su valor actual.

Esta riqueza sin precedentes llegó en el contexto de expectativas de mercado sobre inteligencia artificial, solidez económica estadounidense y recortes de tasas de interés de la Reserva Federal. Pero Musk no se conformó con ser simplemente el hombre más rico del mundo. Decidió convertirse en un actor político de primer orden.

Donó más de 100 millones de dólares a un super PAC que apoyaba a Donald Trump. No fue solo dinero: participó activamente en eventos de campaña y utilizó X para promover la candidatura de Trump. Cuando Trump ganó, Musk fue nombrado para co-liderar el nuevo Departamento de Eficiencia Gubernamental, una posición que le otorgaba acceso e influencia sin precedentes en la política estadounidense. Para un hombre que en el pasado había votado por candidatos demócratas y se consideraba políticamente de centro, era un giro dramático.

Pero la alianza comenzó a mostrar grietas casi de inmediato. El conflicto surgió alrededor de las visas H1-B, que permiten a empresas estadounidenses contratar trabajadores extranjeros altamente calificados, muchos de ellos de India. Silicon Valley y las empresas de tecnología, incluyendo las de Musk, dependen de estas visas. Cuando Trump designó a Sriram Krishnan como asesor presidencial en inteligencia artificial, Krishnan publicó en X su apoyo a eliminar los límites por país para estas visas de residencia permanente, argumentando que esto desbloquearía la inmigración de talento calificado.

La reacción de la base ultraconservadora de Trump fue inmediata y feroz. Laura Loomer, activista de la derecha radical, denunció la postura de Krishnan como alarmante y contraria al lema "America First" de Trump. El debate escaló rápidamente, y Musk se encontró a sí mismo defendiendo públicamente la inmigración calificada. Como inmigrante él mismo, nacido y criado en Sudáfrica, argumentó que Estados Unidos enfrenta una grave escasez de ingenieros extremadamente talentosos. Su posición fue directa: si obligas al mejor talento del mundo a trabajar para otros países, Estados Unidos pierde. La pregunta, planteó, era simple: ¿quieres que Estados Unidos gane o que pierda?

Este primer choque entre Musk y la base MAGA marca un momento de tensión en una alianza que apenas comenzaba. Sugiere que aunque Musk ha ganado influencia política sin precedentes, sus prioridades empresariales no siempre se alinean con las del ala más radical del movimiento que lo llevó al poder.

Estados Unidos enfrenta una grave escasez de ingenieros extremadamente talentosos y motivados
— Elon Musk
La postura de Krishnan es alarmante y contraria al lema 'America First' de Trump
— Laura Loomer, activista de la derecha radical
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué Musk decidió invertir tanto dinero y energía en la campaña de Trump si sus valores políticos históricos eran más centristas?

Model

Porque la política no es solo ideología. Para Musk, lo que importa es el acceso y la capacidad de influir en regulaciones que afectan sus empresas. Trump prometía desregulación y eficiencia gubernamental, exactamente lo que un magnate tecnológico querría escuchar.

Inventor

Pero entonces, ¿por qué se peleó con su propia base casi inmediatamente después de que ganara?

Model

Porque descubrió que la alianza tiene límites. Musk necesita trabajadores calificados del extranjero para sus empresas. La base MAGA necesita restricción de inmigración. Esos dos objetivos chocan directamente.

Inventor

¿Crees que esto debilitará su influencia en la administración Trump?

Model

Probablemente no de inmediato. Musk tiene demasiado valor como aliado político y empresarial. Pero sí muestra que su poder no es absoluto, que hay líneas que no puede cruzar sin enfrentar resistencia.

Inventor

¿Qué dice esto sobre el futuro de su relación con Trump?

Model

Que será transaccional y frágil. Mientras Musk pueda ayudar a Trump con sus objetivos políticos, la relación se mantendrá. Pero si sus intereses divergen más, especialmente en temas que importan a la base de Trump, las cosas podrían deteriorarse rápidamente.

Inventor

¿Y si Musk decide que la política no vale la pena?

Model

Entonces vuelve a ser lo que siempre fue: un empresario obsesionado con sus negocios. Pero ya ha probado el sabor del poder político. Es difícil imaginar que lo abandone completamente.

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